Alberto Mateos es uno de los personajes con más presencia en la historia de AGRUCAR. Suya fue la última legislatura de esta asociación y suya, también, una de las ponencias que formaron parte del I Seminario del Carnaval de Ceuta, una intervención muy crítica que decía lo siguiente:

«Permitidme, compañeros, que por esta vez me atreva a disertar sobre el Carnaval y hacerlo de una forma crítica y dura. No es la primera vez, ni será la última. Al fin y al cabo, todos osamos cuando nos place alzar la voz con la batuta en la mano y soltar el rollo sobre una fiesta que, después de trece años, no sabemos disfrutar. Para eso somos libres.

¿Y por qué no sabemos disfrutar? Me podéis preguntar. Por supuesto, todo el que vive el Carnaval, entendámoslo, cantando en una agrupación, disfrazándose con los amigos o, simplemente, bajando a la calle Real a ver la Cabalgata, disfruta de la fiesta. Bebemos, cantamos, nos saludamos y, sobre todo, la ‘palmadita’ en la espalda no falta.

Es impresionante también ver cómo la noche de la venta de entradas para el concurso es siempre polémica. Esto tiene su lado positivo: la demanda tan importante por parte del pueblo con el único objetivo de formar parte de ese mágico preámbulo del Carnaval. El patio de butacas, a tope; la animación del público, excelente. De “esto sí que es una chirigota” o “esto sí que es una comparsa”, no se baja. Aunque, en el fondo, los que verdaderamente van a escuchar y a valorar objetivamente el trabajo de las agrupaciones, no entienden bien tanta borrachera de piropos que, aparte de resultar cansino y empalagoso, no te dejan escuchar el repertorio completo, recordándome la corrida de toros del año pasado en la que, desde el primer pase que los diestros le daban al toro, toda la plaza se destrozaba en “olé, olé, olé”, demostrando también que no tenemos ni idea de lo que es la lidia.

Porque no vamos a escuchar, simplemente vamos a animar a nuestro primo, nuestro hermano o a nuestro vecino.

Y, hasta ahí, bien. Lo malo es que todos los años tenemos que escuchar la maldita frase: “no tenemos ‘na’ que envidiarle a Cádiz”.

Porque no vamos a escuchar, simplemente vamos a animar a nuestro primo, nuestro hermano o a nuestro vecino

Si no se trata de eso. No cantamos para que nos comparen con nadie. Cantamos para transmitir, para que nos escuchen y para que nos valoren en su justa medida. Y después, que cada uno tenga lo que se merece.

Conociendo ya como conocemos, el que no se haya enterado, que vea el vídeo de Paco Sánchez, que nuestra tierra era carnavalera de pro en otros tiempos, me duele pensar que todavía no hayamos sido capaces de convertir una fiesta de febrero en una realidad cultural que nos defina como pueblo. No quiero decir con esto que durante todo el año estemos disfrazados y cantando coplillas, pero todavía no hemos recapacitado sobre el valor que tiene el que hijos de esta tierra escriban con pena o con alegría los avatares diarios de una ciudad que sufre y ríe, que sueña y lucha.

Solo nos limitamos a decir “olé, olé” y soltar el rollo de “que se le seque la yerba güena”.

(…) me duele pensar que todavía no hayamos sido capaces de convertir una fiesta de febrero en una realidad cultural que nos defina como pueblo

Y después, todos entendemos, todos sabemos y contribuimos a que la cultura popular se enriquezca con nuestros comentarios. Todos tenemos nuestras cintas de vídeo preparadas para grabar los carnavales de Cádiz y conocemos los repertorios de las agrupaciones finalistas pero, ¿conocemos algún cuplé de las famosas ‘Etiquetas’, algún pasodoble de los míticos ‘Recuerdos de papel’, alguna coplilla de los veteranos del Mixto…? No nos interesa. Si grabamos carnavales de Ceuta es porque salimos cantando en alguna agrupación y queremos vernos de vez en cuando, pero no escuchamos a los demás.

Ahora, eso sí, vienen ‘El brujo’ y ‘Los lacios’ y San Amaro se llena. Es lógico, es buen Carnaval y hay que verlo. Peor sería que el parque estuviera vacío. Pero en ese momento hacemos un alarde de afición, de cultura carnavalesca y, sobre todo, empezamos con los golpes de pecho que hasta somos capaces de llevarle las maletas al ‘Yuyu’, de entregar plaquitas a gente de Chiclana, de presumir de íntima amistad con el ‘Pelajigo’ y de muchas cosas más.

Y esa es nuestra cultura carnavalera. La cultura de un pueblo que antepone la antipatía que se puede tener a un grupo de personas a asistir a una conferencia de Antonio Martín. La cultura de gente que hace un año se partía la cara y daba golpes bajos por conseguir la Junta Directiva de AGRUCAR con tal de impedir que accedieran otros, la cultura del “qué bonito, hijo” sin escuchar lo que se está cantando, y la cultura de los que hablan mucho y aportan poco.

Así, no me extraña que los politiquillos de turno quieran manejar el Carnaval como les venga en ganas o nos desprecien y nos olviden. Porque, la verdad, hemos demostrado que queremos que se nos respete en la fiesta, pero, si no nos importa el Carnaval fuera de febrero, solo lucharemos por un sitio digno donde cantar o por una mayor cantidad de dinero en los premios, pero no más.

Ahí tenemos a un Bastida que el año pasado se erigía como hombre de talante conciliador y arrepentido de sus errores, prometiéndonos una subvención que nunca llegó. En la actualidad rechaza todo contacto con AGRUCAR porque algunos individuos que la integran no son de su simpatía.

(…) si no nos importa el Carnaval fuera de febrero, solo lucharemos por un sitio digno donde cantar o por una mayor cantidad de dinero en los premios, pero no más

Ahí tenemos a un Jacinto que, desde el año 91, dirige la cultura de la ciudad y nos ha dado con la puerta en la cara cada vez que le hemos pedido una mínima ayuda. Sin embargo, no se corta un pelo para gastarse cualquier cantidad en grabarle un ‘compact disc’ a un amigo de la Península.

Ahí tenemos a un Pepe Abad, también adalid de nuestra cultura que, a buen seguro, y teniendo en cuenta que lleva bastante tiempo en su sillón, sigue prefiriendo una exposición en el Centro Hijos de Ceuta a cualquier manifestación callejera de los carnavaleros.

Pero todas estas cosas no nos preocupa. Es más interesante hablar de un pasodoble clásico, de un compás de tres por cuatro y usar una serie de términos que seguro que no sabemos bien lo que quieren decir, pero que suenan bastante bien.

Nos quedaremos con una fiesta y seguiremos renunciando a luchar por conseguir que el Carnaval no se limite al jolgorio de febrero.

Es más interesante hablar de un pasodoble clásico, de un compás de tres por cuatro y usar una serie de términos que seguro que no sabemos bien lo que quieren decir, pero que suenan bastante bien

Encima, los que siempre hemos estado nos vamos aburriendo poco a poco y no salen nuevos valores. También nos atrevemos a lamentarnos de que el Carnaval infantil y juvenil nos lo hemos cargado por no prestarles la debida atención, cuando, en realidad, poco se puede hacer si ese niño no ha vivido en el seno de su familia el Carnaval de una o de otra manera.

Al final, tendremos que parodiar al querido ‘Libi’ cuando dice, en tono peyorativo: “Cultura, joé, Cultura”.»

 

Transcripción de preguntas a la ponencia de Alberto Mateos

 

Oyente.- Creo que no se recuerdan los pasodobles o los cuplés de nuestros autores por nuestra culpa, ya que no los repetimos de año a año, con la consiguiente pérdida de estos, en el olvido.

 

Oyente.- ¿Crees que falta calidad en las agrupaciones?

Ponente.- Creo que no. Quizás, a mi entender, lo que falta es compromiso por parte de todos, incluyendo a los autores, directores y componentes.

 

Oyente.- ¿No deberíamos plantarle cara al consejero, ya que este no se ha acordado para nada de nosotros, ni tan siquiera como para conceder una subvención a este Seminario?

Ponente.- Creo que eso deberá dilucidarlo la próxima Ejecutiva, que será la que deba valorar lo hecho por el consejero, ya que esta, como sabéis, se encuentra dimitida hasta las elecciones.

 

Oyente.- Creo que tu ponencia ha sido clara y no admite preguntas.

 

Oyente.- El consejero solo quiere en la dirección de AGRUCAR a una persona de su cuerda.

 

Oyente.- Pienso que, en cuanto al Carnaval, los propios carnavaleros no nos mojamos el culo lo suficiente y siempre estamos a la expectativa.

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