El I Seminario del Carnaval de Ceuta se celebró en 1995, un año después de una de las polémicas más sonadas de las carnestolendas caballas, el desacuerdo entre muchos carnavaleros y Festejos que propició que un importante número de agrupaciones no acudiera al concurso oficial, celebrado en la carpa, y participara en un festival organizado por AGRUCAR en el Cine África. Este asunto acaparó el turno de preguntas de la ponencia de Francisco Luis Jiménez, ‘Chiki’, que aclaró todos los detalles en cuanto a la decisión de su comparsa de concursar en la carpa. Pero antes, el autor ofreció una interesante charla en la que ahondó en la historia del Carnaval de Ceuta y desgranó detalles técnicos de agrupaciones de distintas épocas:

«Antes de iniciar lo que hoy se ha dado en llamar “ponencia” y que en mis tiempos llamábamos, simple y llanamente, “pensamiento” o “posturencia” (palabra que quiere decir postura de conciencia), quisiera dejar entrever que no hacen falta tantos “opinadores” y sí muchos más “apechugadores” para que el Carnaval, y hablo en general, no se quede en comentarios de barra.

Esos que hoy día saben tanto de Carnaval: de su historia, de sus consecuencias, de su Cultura, de su grandilocuencia… no son más que súbditos de su propia ignorancia, escondiendo tras su supuesta y arrogante sabiduría, el desconcierto y las carencias de su cocorota descarnavalizada. Dicho esto, ahí queda esta “posturencia”, que no es más que otra ‘chalaura’ de alguien que solo pretende aportar unos folios para que este Seminario pueda tirar “p’alante”.

Comparar el Viejo y Glorioso Carnaval de otras épocas, con el Nuevo y, cierto, ya caduco Carnaval, es como pretender hacernos creer que el Ayuntamiento, ahora Asamblea, ha comprado a Galo el teatro Terramar y el Concurso de Agrupaciones de este año se va a celebrar allí. Pero antes de ahondar en las diferencias que a mi parecer existen entre el pasado y el presente de la Fiesta, quisiera dejar algunos datos cronológicos que a todos nos pueden ayudar a entender más aún nuestras raíces carnavalescas.

En primer lugar, el Carnaval de Ceuta tiene, indudablemente, un nexo de unión al gaditano, no tanto por aquello de lo que cantamos y cómo lo celebramos, sino porque, sencillamente, nuestro pueblo y la Tacita tienen la misma antigüedad en común, es decir, 3.000 años, y un mar que siempre nos ha unido mucho más de lo que nos ha separado. El mar… Si bien es cierto que los griegos, los fenicios, los romanos y otros pueblos tuvieron aquí su sitio, no menos cierto es que se debía a una corriente comercial entre las naciones con necesidades de amplitud de fronteras en algunos casos y de intercambio mercantil en otros. De igual forma, a lo largo de los siglos otras culturas se desplazaron hasta nuestra ciudad y la Gadis Herculana. Así pues, una vez iniciada la conquista del Mediterráneo por catalanes pertenecientes a la Corona aragonesa o venecianos, nos encontramos con la agradable sorpresa de una primera toma de contacto con el entonces surgente Carnaval de Venecia que, a bordo de navíos comerciales, llegaban a todos los puertos de la ribera mediterránea, y por lo tanto, hasta Ceuta, como bastión cristiano en una zona tradicionalmente comercial que, al igual que sucede con Cádiz, se abre por sus propias necesidades a otras rutas atlánticas y africanas.

En primer lugar, el Carnaval de Ceuta tiene, indudablemente, un nexo de unión al gaditano, no tanto por aquello de lo que cantamos y cómo lo celebramos, sino porque, sencillamente, nuestro pueblo y la Tacita tienen la misma antigüedad en común, es decir, 3.000 años, y un mar que siempre nos ha unido mucho más de lo que nos ha separado

Pues bien, llega el Carnaval con los venecianos, y estos lo celebran principalmente en los alrededores de la dársena ceutí, cosa lógica si tenemos en cuenta que por aquellas fechas no debían existir muchos sitios donde hacerlo. Así pues, la vida de la ciudad giraba en torno al puerto y esto hizo que conociéramos la máscara y el antifaz, la música sarcástica de aquellos marinos que cantaban coplas críticas contra su capitán, su bandera o sus mandatarios, al igual que desde los tiempos de la Edad Media hacían los juglares por pueblos y plazas. ¿Es, entonces, viejo nuestro Carnaval? ¿Se puede considerar como nuestro por el mero hecho de que las referencias históricas giren desde hace tres siglos?

El Carnaval de los viejos, ese al que tanto se alude cuando comprobamos que el nuestro no funciona, tenía tantos problemas como este, pero sin embargo conservaba a su vez la virtud de la no dependencia, es decir, no se movía única y exclusivamente por los caprichos de las instituciones. De esta manera, no se “umbilicaba” con subvenciones que a la postre son las que someten la espontaneidad y, por lo tanto, la creatividad de esta Fiesta. Las letras de las coplas eran mucho más críticas, salvando, eso sí, las decadencias y ordenamientos de los distintos gobiernos, mucho menos comprensivos y mucho más subyugados a los poderes fácticos. Por poner un ejemplo, a nivel de calle, en 1898 no se criticaría de ninguna forma la instalación de una carpa para los bailes, a pesar de que entonces funcionaban en Ceuta varios teatros, pero sí que no pusieran una tribunita para que las murgas y charangas de aquel año pudieran cantar, y de esta forma los vecinos oír sus letrillas, mucho más identificadas con los movimientos de izquierda o republicanos, que con cualquier otra opción.

El Carnaval de los viejos, ese al que tanto se alude cuando comprobamos que el nuestro no funciona, tenía tantos problemas como este, pero sin embargo conservaba a su vez la virtud de la no dependencia, es decir, no se movía única y exclusivamente por los caprichos de las instituciones

Una vez concluidos los posicionamientos y ya metidos en materia, debemos preguntarnos cuál es entonces el mal de la Fiesta. Si es cierto que existe un mal, ese, indudablemente, somos nosotros mismos, los carnavaleros. El porqué tiene muchas explicaciones y en las líneas siguientes trataré de despejar estas dudas.

Ya he hablado antes del Viejo Carnaval, el problema se encuentra cuando pretendemos compararlos, es decir, son épocas distintas y, por lo tanto, las necesidades son distintas, pero existen cuestiones comunes que sería conveniente analizar detenidamente para comprobar qué tenemos y qué teníamos:

En primer lugar hay que hacer constar, por lo que se refiere a las agrupaciones, que en aquella época la forma de expresión cantada no exigía tantas voces, ni conocimientos musicales como en la actualidad. Esto es un hecho, ya que las murgas y charangas se bastaban con una voz base, o tenor, para realizar sus repertorios, mientras que en la actualidad cualquier agrupación añade la dificultad de expresarlo en varias voces, con lo que, al mismo tiempo, desarrolla un repertorio musicalmente mucho más completo. Así pues, en aquellos años era mucho más fácil cantar que ahora. Una agrupación de 1935 en el colmo de la sofisticación, usaba un laúd, una guitarra, una caja, un bombo, y todos con la misma “toná”. Mientras que una agrupación de 1995, sesenta años después, necesita: tres guitarras, caja, bombo y lo que no está escrito en voces, desde el famoso segunda, pasando por tenores, octavillas, altos, contraltos… Y todos los disonantes que ustedes quieran porque esa historia, la de los disonantes, es “pa” contarla otro día. A todo esto, las murgas no necesitan un repertorio extenso en cuanto a producción literaria, mientras que una comparsa, por hablar de aquello que yo conozco, necesita como mínimo seis pasodobles, seis cuplés, una presentación y, para rematar, el popurrí.

Por lo que respecta al vestuario, la diferencia se centra única y exclusivamente en la complicación del disfraz o tipo, más por aquello del concurso en estas fechas que en aquel entonces, pero en definitiva y siempre mirando los costes de una época y de otra, en este sentido no han existido grandes diferencias. Una charanga cantaba mayormente en la calle, a las puertas del teatro para “señoritos” o en los pisos y fiestas privadas de estos. Una comparsa o chirigota canta principalmente para la gente que va al concurso; así es donde expone sus mejores composiciones y temas y donde refleja con una parafernalia cada vez más estrambótica en la presentación lo que, supuestamente, lleva seis meses ensayando.

Al no existir en aquellas épocas tantos intereses creados en torno al Carnaval, la propia idiosincrasia popular tomaba al asalto la ridiculez para “esperpentear” sobre los personajes de la época. De esta forma, la calle se tornaba en el teatro popular y eran las gentes humildes las que copaban los “sitios” de las murgas, protagonizando una “rebelión” con fecha concreta. En la actualidad, la mayor parte de los componentes tiene estudios básicos y el resto superiores, por lo que la Cultura, indudablemente, toma asiento entre las agrupaciones, existiendo un nivel medio alto que se refleja en la concepción de repertorios donde se busca la pluma más grandilocuente y las formas expresivas más castellanizadas, sin que con ello se pierda el componente gaditano y andaluz, ya que de lo contrario sería un guiso con demasiada sal. De esta forma, se insiste una y otra vez en los ensayos en la necesidad de vocalizar más y gesticular menos.

Por lo que respecta a la calle, es indudable que todos los acontecimientos públicos se ven reflejados en ella, y así es fácil comprobar que en los años de penuria económica, esta siempre ha sido mucho menos participativa. Trasladando esto a la última época de Carnaval que vivimos y añoramos, es decir, desde el año 83 que nos devuelven la Fiesta como un acto programado más y sin creer los organizadores por un momento que pudiera tener la repercusión popular que tuvo, pues trasladándonos hasta entonces, nos damos cuenta de que el pueblo se echó a la calle sin pensar mucho en el disfraz de turno: gitanas, brujas, indios, vaqueros, etc., coincidiendo con unos años aventajados del llamado “estado del bienestar”, donde el poder adquisitivo de gran parte de las capas sociales ceutíes era más estable. Los años siguientes, y concretamente a partir de 1988, se denota un importante bajón en la calle, y creo sinceramente que al margen de locales donde celebrar bailes, como carpas o cuarteles metidos en teatros, el principal problema llegaba cuando la carestía de vida hacía acto de presencia. Las subidas salariales congeladas mientras los precios se disparaban, el coste de las mercancías, la sofisticación de la Fiesta y el hecho de que no vale lo mismo una careta de gorila hoy que hace diez años, influye, y mucho, en la participación. Luego están otras cosas, como el enfrentamiento que existe en nuestro pueblo entre distintos posicionamientos políticos que se trasladan a la sociedad a través de los medios de comunicación y que influyen negativamente en el deseo de fiesta y participación de los ceutíes.

(…) en estos días, en estos años, el Carnaval necesita menos miradas comparativas y más trabajo en común, algo que, desgraciadamente, aún no hemos aprendido los carnavaleros, que seguimos empecinados en guerras fraticidas, en historias personales y en lo que pudo ser y uno fue. Cuando seamos capaces de quitarnos de encima nuestras propias frustraciones, seremos capaces de construir una Fiesta más nuestra como tal, una raíz más de un árbol al que desgraciadamente le faltan demasiadas hojas y al que nosotros, desde nuestra incompetencia, hemos ido secando

Quisiera concluir el espacio de esta “posturencia” sin la complejidad que dan las palabras y acariciando, si es posible, las conclusiones, mis conclusiones, con la humildad de quien realmente no ha pretendido sino colaborar en el desarrollo de este Seminario con sus propias ideas y dejando en el aire las posibilidades que nuestro Carnaval ofrece y que, desgraciadamente, aún no hemos sido capaces de explotar.

Por todo ello, lo principal sería destacar que el Viejo Carnaval era el Carnaval de nuestros viejos, dicho con el respeto, pero que en estos días, en estos años, el Carnaval necesita menos miradas comparativas y más trabajo en común, algo que, desgraciadamente, aún no hemos aprendido los carnavaleros, que seguimos empecinados en guerras fraticidas, en historias personales y en lo que pudo ser y uno fue. Cuando seamos capaces de quitarnos de encima nuestras propias frustraciones, seremos capaces de construir una Fiesta más nuestra como tal, una raíz más de un árbol al que desgraciadamente le faltan demasiadas hojas y al que nosotros, desde nuestra incompetencia, hemos ido secando.»

 

Transcripción de preguntas a la ponencia de ‘Chiki’

 

Pregunta: ¿Qué es un ‘segunda’ para ti?

Respuesta: Una voz base por debajo del tenor, carnavalescamente hablando. Musicalmente hablando, es el intervalo de una nota a su inmediata superior o inferior, en otras palabras, se trata de un impás musical, aunque creo que todo esto es una tontería, ya que depende del tono de composición y los propios poderes de la agrupación a que se destine, el ‘segunda’ puede ser un tenor. No se debe dogmatizar la ‘segunda’ como voz omnipresente.

 

Pregunta: ¿Qué es una buena rivalidad?

Respuesta: Creo que bien entendida es un instrumento para la superación, lo que ocurre aquí es que dramatizamos en cuanto a rivalidad y entendemos esta como la posibilidad de entrar en temas personales, cuando no debería ser así.

 

Pregunta: ¿Por qué tu agrupación se unió a las demás en la carpa?

Respuesta: Principalmente porque AGRUCAR dio libertad de acción a las agrupaciones, recalcando que no se tomarían medidas contra ninguna y se respetarían sus decisiones, pero también porque en esta agrupación se han hecho las cosas democráticamente y se votó a favor de ir a la carpa. En este sentido, debo resaltar nuestra solidaridad real, cuando en este local han ensayado (por falta de local propio) la chirigota de Jaramillo, la de Téllez, la comparsa ‘El músico loco’… O hemos dejado instrumentos a chirigotas y comparsas, o apoyando con repertorios y músicos a otras agrupaciones, etc. Creo que esa es la verdadera solidaridad que nadie quiere recordar ahora. También debo decir que durante la votación, que se repitió en tres ocasiones porque yo quería ir a cantar al ‘África’, había una chirigota de testigo, concretamente la de Téllez, y vio todo el proceso de votación y oyó cómo alguno expresaba su temor a que si se iba al ‘África’, las otras agrupaciones o su público pudieran emprenderla contra nosotros.

 

Pregunta: ¿Tuvisteis miedo o fueron otras razones políticas y personales?

Respuesta: Por un lado existía el miedo a ciertos sectores del público, como ya he dicho, y por otra el lógico a no poder atender a los compromisos económicos de esta agrupación, que si en algo se había distinguido era precisamente en no saber buscar soluciones económicas alternativas, al contrario de otras, pero en ningún caso fueron razones políticas, ni mucho menos personales, sino sería ilógico que pudiera estar sentado aquí con alguno de vosotros.

 

Presidente: ¡Esto parece un juicio! ¡Se está acribillando a ‘Chiki’ con temas que nada tienen que ver con la ponencia!

 

Desde el público: Creo que se está participando en un debate sobre la actitud en cierto momento de la comparsa de ‘Chiki’.

 

‘Chiki’: El Seminario debe valer para salir de aquí con las cosas claras, sobre todo habiendo tanto desconocimiento sobre nuestra actitud. De cualquier forma, creo que esta “terapia de grupo” deberíamos realizarla de vez en cuando, o mejor, en las semanas siguientes al término del Carnaval. De esta forma se lograría aclarar muchas cosas que, bien por desconocimiento o bien por ser “comentario de barra”, se desvirtúan y logran enrarecer el ambiente entre las agrupaciones.

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