El mítico componente de la agrupación del Mixto Javier Salas fue uno de los ponentes del I Seminario del Carnaval de Ceuta, organizado por AGRUCAR y celebrado del 19 al 21 de octubre de 1995 en el local social de la Peña Imagineros.

Salas presentó una ponencia titulada ‘La defensa del cuplé’, que decía así:

«Hace aproximadamente unos 10 años, afortunadamente para el que os habla, tuve la ocasión de entrar en el mundo del Carnaval, concretamente en el de las Agrupaciones Carnavalescas (no confundir con carnestolendas, término que hizo popular nuestro amigo ‘Chiqui’). Fue una experiencia de la que me acordaré para toda la vida y que en estos momentos empiezo a narrar:

En esos años el Carnaval ceutí estaba impregnado de los repertorios de Andrés Peña y de la Chirigota del Mixto. Quería, mejor dicho, deseaba pertenecer a dichas agrupaciones, como el niño pequeño que se ve de mayor jugando en el Madrid, al que por cierto le deseo que pierda la Liga.

De la noche a la mañana me encontré aprendiendo una coplilla para poder pasar la gran prueba de fuego, cruel, injusta, apadrinada, en la que tres aspirantes queríamos entrar en la que en su día se llamó ‘Sueños y esperanzas’.

Por esa época se estilaba, o mejor dicho, estaba de moda, la Comparsa del Puerto (que tanto le gusta a mi amigo Martín) y cómo no, puesto y dispuesto canté un pasodoble de la comparsa ‘Los simios’ que decía: “Al amparo de la noche, en cualquier esquina, hay una pandilla de chulos y ladrones…”, asustado. Debo sinceramente reconocer que estaba acojonado ante la mirada de los miembros del sanedrín carnavalero.

El segundo aspirante fue ‘Peque’, y cantó un pasodoble de la comparsa ‘Leche y picón’. Apuesto a que ni el 10% del respetable la conoce… Mi amigo Martín, sí. Y por último, el tercer aspirante, concretamente Paco Navas que, cómo no, cantó un nuevo pasodoble.

La reflexión que me hago es por qué en los días precedentes a la prueba elegí el preparar o llevar un pasodoble y no un cuplé, porque mis adversarios hicieron ‘idem de lo idem’.

Estos momentos los he vuelto a ver reflejados cientos de veces en el mundo del Carnaval, tanto en comparsas como en chirigotas, viendo cuando calientan voces, en los descansos de estas o bien cuando están desmadradas después de terminar un buen ensayo, la característica predominante es cantar un pasodoble gaditano.

Quién no ha cantado: “Lobo, hay en mi barrio rondando un lobo…”, “Al circo, madre yo quiero ir al circo…”, “Todavía no comprendo cómo pudo pasar esto…”.

Una vez tuve ocasión de escuchar a un autor gaditano decir que lo importante de las copillas de Carnaval es pasar a la historia, es decir, que no queden dormidas en los libretos de Carnaval, sino que sigan recordándose con el paso de los años, no obligatoriamente en el febrerillo loco, en cualquier pajarraca que encarte en el año.

Al oír estas palabras me acordé del cuplé y mi reflexión es la siguiente:

¿Pasa a la historia el cuplé? ¿Los autores miman el cuplé? ¿Preferimos el pasodoble al cuplé? ¿El sentimiento-pasión gana en la balanza a la chispa-gracia?

Para hacer un estudio del cuplé caballa creo que no tengo más obligación que mirar el Carnaval gaditano, y en él veo autores que se han preocupado en cuidarlo como en sus días fue el viejo maestro Enrique Villegas (en infinidad de veces se le tildó de pachanguero, y más de un premio no ganó porque el público, el entendido, tildó sus cuplés un tanto chirigoteros), Paco Rosado y, actualmente, Antonio Martínez Ares. Este en los dos últimos años su repertorio en dicha modalidad ha sido exquisito, echándole un pulso incluso hasta a las mismas chirigotas.

Estas, desde el año de ‘Los cruzados mágicos’, han ido evolucionando sus repertorios y, por supuesto, el cuplé gaditano.

Por poner un ejemplo, vemos:

  • La chirigota de ‘Los borrachos’, que cultiva el cuplé del doble sentido, irónico, haciendo caso omiso al taco.
  • La chirigota del Yuyu, de la misma escuela que la anterior.
  • Las chirigotas con estilo clásico, por poner algún ejemplo, ‘Las viejas’, o la de S. Fernando, las cuales utilizan con mayor asiduidad lo verde, el taco, lo pícaro, en definitiva, la palabrota.

En Ceuta, personalmente destacaría a dos autores cupletistas: Por una parte Salvador Jaramillo y, por otra, el ‘Baba’

En Ceuta, personalmente destacaría a dos autores cupletistas: Por una parte Salvador Jaramillo y, por otra, el ‘Baba’. Quizás los dos autores caballas que más han contribuido a darle personalidad propia al cuplé de esta tierra. Dichas personalidades bien distintas que a continuación me gustaría analizar:

El cuplé de Jaramillo viene caracterizado por temas eminentemente caballas, sumados a la chispa y el doble sentido.

El cuplé del ‘Baba’, en donde predomina lo añejo, lo verde, lo que a uno nunca se le ocurriría pensar.

Desde mi modesta opinión, pienso que a cada uno le falta lo del otro. ¿Que cuál es mejor? Sinceramente no me sabría inclinar: Me quito el sombrero por un buen cuplé de Jaramillo y me quito el sombrero por un buen cuplé del ‘Baba’.

Quizás a ‘Las etiquetas’ les faltaría un cuplé con mejor “carcaza”, es decir, con una estructura musical más acorde con la calidad de la letra. El cuplé como tal llega al público de forma clara y directa, pero creo que debe ir aderezado con música de igual calidad (con el paso del tiempo los contratiempos en caja y bombo son casi iguales, por no decir iguales). Si no se le pone remedio, con el paso del tiempo se quedará a mitad de camino convirtiéndose en un simple chiste pasando al ostracismo del olvido, de forma injusta.

Por otra parte, el cuplé del Mixto, quizá tenga mayor calidad musical, aunque abusa un tanto de lo verde y no tiene el mismo peso específico en genialidad que el de Jaramillo.

Desde aquí doy un millón de gracias a dichos autores por añadir dosis de calidad al cuplé de mi tierra, y a los restantes autores carnavaleros, que me perdonen por no haberme reído con sus cuplés.

Un punto que quiero dejar bien claro es que el cuplé no tiene que ir por fuerza asociado por su propia naturaleza a la modalidad de chirigota

Un punto que quiero dejar bien claro es que el cuplé no tiene que ir por fuerza asociado por su propia naturaleza a la modalidad de chirigota. ¡No! Este debe ser instrumento para cualquier autor carnavalesco, ya sea comparsista, chirigotero, cuartetero, corista.

Un buen cuplé irradia gracia, alegría, desparpajo, chispa, doble sentido, carcajada… Y qué mejores características para llevarlas a un repertorio. Si el carnaval es eso: desenfreno, risas, algarabía.

Lo autores premian en la actualidad presentaciones y popurrís, devaluando el cuplé (característica mucho más acentuada en la comparsa, lo mismo es que tienen mucha malaje).

En cuántos libretos vemos 10 o 12 cuplés, de ellos, se cantan 2 o 3 y va que arde.

Lo digo a boca llena: una agrupación sin cuplés adecuados pasa por encima de un escenario sin pena ni gloria

Por favor, hagamos una reflexión y que cada uno utilice la fórmula adecuada. Lo digo a boca llena: una agrupación sin cuplés adecuados pasa por encima de un escenario sin pena ni gloria. El sustento en escena, el sostén que mantiene una agrupación en un escenario lo crea el cuplé.

El cuplé es el que reaviva al espectador, el que le da el empujón definitivo. Es como si estuviéramos viendo un electrocardiograma en donde la línea que vemos es de tono lineal y de vez en cuando se produce un salto y se escucha un “pic”. Pues eso es lo que se produce en el espectador u oyente al escuchar un buen cuplé.

Hoy en día, viendo lo gaditano, creo que se riza el rizo, y la fórmula que aprecio es la siguiente:

  • Cuplé dividido en dos o tres partes, cada una de ellas con un golpe gracioso.
  • Temas normalmente de la ciudad, lo que hace que llegue directamente al público.
  • Música acorde con el tipo, de exquisita calidad.
  • Se rehúsa el taco.
  • Progresión en cuanto a gracia dentro del cuplé, es decir, dos golpes graciosos en medio del cuplé y uno al final con mayor peso específico, que produce en muchas ocasiones la carcajada.

Poco me queda que decir tras lo dicho, solo que humildemente me he querido convertir por minutos en el Capitán Trueno pero, eso sí, no para luchar contra vándalos o vikingos, ¡no!, solo con la intención de defender lo que hoy en día es el cuplé carnavalero.

Tras mi ponencia quiero dejar claro que mi proceder ni mucho menos es querer convencer, eso sí, os daría las gracias si, al menos, reflexionáramos sobre lo dicho.

Finalizo con una posdata: perdón a Mariano Puig por no haberle nombrado como buen cupletista.»

 

Transcripción de preguntas a la ponencia de Javier Salas:

 

P.- ¿Qué es para ti un buen cuplé?

R.- Una fórmula que tenga gracia, doble sentido y una buena estructura musical.

 

P.- ¿Cuál es la copla que trasciende?

R.- Una que llegue al oyente. En este sentido creo que el cuplé, por su propia chispa, debe ser la copla apropiada.

 

P.- ¿No crees que el cuplé en las comparsas tiene suficiente calidad?

R.- Creo que el cuplé debe reavivar al espectador y, por consiguiente, creo que en lo que respecta a las comparsas, se ignora bastante la propia creatividad a la hora de hacer un buen cuplé. De ahí mi llamamiento a que los autores, sobre todo los comparsistas, se esfuercen más en el cuplé.

 

P.- ¿Tienen que ser tristes las comparsas?

R.- Categóricamente: no tienen porqué serlo, es más, yo abogo por compensar más los repertorios con buenos cuplés y no dejarlos como si de un relleno se tratara.

 

P.- ¿Por qué la chirigota realza más el cuplé y la comparsa no?

R.- Creo que es un fallo de mentalización en cuanto a los autores.

 

P.- ¿No puede tratarse simplemente de más o menos inspiración?

R.- Sinceramente, creo que los autores no le dan importancia.

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