El periodista Juanjo Cerro fue uno de los ponentes del I Seminario del Carnaval de Ceuta, organizado por AGRUCAR y celebrado en octubre de 1995. Cerro centró su intervención en la relación entre los carnavaleros y los medios de comunicación, desgranando el trabajo de los periodistas que cubrían la fiesta y el interés por las noticias sobre Carnaval. Su ponencia, que defendió hace 25 años, decía así:

«Dedicado a todos los que me abrieron la puerta del Carnaval y de sus corazones.

Desde siempre se ha dicho que el Carnaval es un periódico hablado, que utiliza la gente del pueblo para mostrar sus sentimientos, temores y desengaños.

Nunca se habrá involucrado mejor la relación de la fiesta del Dios Momo y los medios de comunicación. Pero, ¿quién necesita más a quién? Esta pregunta resulta razonablemente difícil, teniendo en cuenta que el Carnaval es totalmente espontáneo, surge del pueblo y para el pueblo. En todo caso, los medios de comunicación han sido meros transmisores de esas sensaciones, aunque en ocasiones, como veremos, los medios utilizan su poder y prácticamente capitalizan toda la atención.

Ya en 1892, coincidiendo con el mandato del alcalde Ricardo Cerni, los distintos diarios y semanarios de Ceuta se hacen eco de las bases que se habían establecido para premiar distintos detalles de esos carnavales brillantes y cargados de cultura popular. Así se refleja en este espléndido trabajo de Paco Sánchez, ‘Más de un siglo de Carnaval’, publicado en los prestigiosos ‘Cuadernos del Rebellín’. Nos cuenta Paco que el diario ‘África’ dedica su editorial al Carnaval, mientras que los periódicos resaltan la gran animación de los ceutíes, caso del semanario ‘El Sinapismo’, que refleja la fiesta carnestolenda celebrada en El Círculo de la Unión.

Incluso en esos tiempos de censura política, los medios de comunicación apoyaron al Carnaval, como el caso de ‘Radio Ceuta’, que prestó sus estudios para los ensayos de ‘Roque y los majos’

Incluso en esos tiempos de censura política, los medios de comunicación apoyaron al Carnaval, como el caso de ‘Radio Ceuta’, que prestó sus estudios para los ensayos de ‘Roque y los majos’. Tantos y tantos nombres que han quedado en la memoria colectiva, entre amarillentos recortes de prensa, papel arrugado y rugoso.

La democracia trae nuevos vientos, como un febrerillo loco que desata las pasiones informativas del Carnaval. Los ayuntamientos legalizan la fiesta y la prensa apuesta definitivamente por ella. Pero algo ha cambiado: los periódicos comienzan a hacer ediciones especiales en las que ofrecen multitud de datos, letras y fotografías de las distintas comparsas, chirigotas y cuartetos. Los entendidos se incorporan a las tertulias radiofónicas y las transmisiones en directo de las radios hacen que el Carnaval abandone los escenarios para visitar a todos los hogares ceutíes.

Por rentabilidad, por comodidad y no sé por cuántas otras razones, el Carnaval de calle pierde solidez para los medios, otorgando estos toda la importancia al concurso de agrupaciones

Este despegue viene acompañado por numerosas firmas comerciales que anuncian sus productos, no necesariamente relacionados con el Carnaval. Se produce una situación en la que, detrás del aparente apoyo a la fiesta, supone el comienzo de la dictadura empresarial: cuanto más rentable, más Carnaval. Proliferan los programas y las páginas carnestolendas, y se produce un divorcio, a mi juicio, suicida. Por rentabilidad, por comodidad y no sé por cuántas otras razones, el Carnaval de calle pierde solidez para los medios, otorgando estos toda la importancia al concurso de agrupaciones. Incluso, el tradicional Baile de la Prensa cae en el olvido, a pesar del intento de algunos periodistas por recuperarlo y fomentarlo como demostración de cariño al Carnaval.

Este interés desmesurado por las actuaciones oficiales trae consigo que el Ayuntamiento dedique parte del presupuesto de festejos en anuncios y patrocinios en los medios de comunicación, en detrimento de las agrupaciones que ven sus subvenciones recortadas y, sobre todo, el Carnaval de calle queda huérfano de apoyo institucional.

Al contrario de lo que sucede en Cádiz, capital mundial de nuestro Carnaval, en Ceuta los políticos no se deciden en apoyar económica y moralmente a los carnavaleros ya sea en los escenarios, ya sea en la calle. Desgraciadamente, no se tiene en cuenta la vida cultural del Carnaval más allá de febrero, como es el caso de este seminario, hecho porque como suele decirse, “Dios es grande”. Tampoco la colaboración de los medios supone una inyección suficiente, salvo casos excepcionales como la edición del disco del Carnaval ceutí, promovida por ‘Radio Ceuta’ de la ‘Cadena SER’.

Contra eso, queda la ilusión de saber que gracias, en buena parte, a los medios de comunicación, el Carnaval ceutí se conoce cada día más y mejor, y lo que es más importante, llega a más hogares en nuestra ciudad. “París bien vale una misa” si pensamos cuántos enfermos, postrados en cama, han sonreído con las ácidas letrillas de las chirigotas, o se han emocionado con los ruiseñores comparsistas. Qué satisfacción ofrecer a los taxistas, a los médicos y enfermeros, y a tantas y tantas personas que trabajan mientras otros se divierten, la posibilidad de vivir el Carnaval, en directo, a través de su compañera nocturna, a su fiel amiga la radio.

Pero lo mejor está aún por llegar.

La aparición de la televisión vuelve a poner sobre el tapete la vieja interrogante sobre la obligación de informar o la necesidad de rentabilizar empresarialmente lo que denominamos en el argot periodístico una operación especial

A finales de la década de los ochenta, la televisión irrumpe en nuestro Carnaval. ‘TeleCeuta’ inicia sus emisiones desde el añorado ahora Cuartel del Rebellín y la locura colectiva es latente. Esa capacidad casi diabólica que la pequeña pantalla tiene de absorber toda la atención y, por extensión, ser líder de audiencia, acampa a sus anchas en el Carnaval y provoca un nuevo esfuerzo al resto de los medios de comunicación. Las agrupaciones lucen sus tipos no solo en el escenario, sino en la salida de las casas, y les gusta. Se contonean mejor que nunca las chirigotas, defienden el tipo más serios los comparsistas. El binomio Dios Momo-Televisión funciona a la perfección. Pero… no todo es color de rosa.

La aparición de la televisión vuelve a poner sobre el tapete la vieja interrogante sobre la obligación de informar o la necesidad de rentabilizar empresarialmente lo que denominamos en el argot periodístico una operación especial.

En teoría una cosa no anula a la otra, pero en realidad ha demostrado que la carrera por la audiencia no conoce de conciencias y, junto a la entrevista de rigor con los protagonistas, los carnavaleros, suele aparecer a continuación una catarata de anuncios que, en ocasiones, hacen perder el hilo de la transmisión al oyente o al telespectador.

Es tal el prestigio del Carnaval ceutí de finales de siglo que incluso diversos periódicos de Andalucía, como ‘La Provincia Gaditana’ y ‘Diario de Cádiz’, publican las bases del concurso de Ceuta

Y entiéndase que la publicidad es necesaria, los propios libretos de las agrupaciones e incluso los bombos la llevan, pero claramente hay que decir que hoy en día sería un planteamiento poco profesional la transmisión de un Carnaval que no fuera rentable. Y esta pescadilla se muerde la cola sirve, en la mayoría de los casos, para que sean los propios medios los promotores del Carnaval, y no los responsables políticos de la cosa.

Es tal el prestigio del Carnaval ceutí de finales de siglo que incluso diversos periódicos de Andalucía, como ‘La Provincia Gaditana’ y ‘Diario de Cádiz’, publican las bases del concurso de Ceuta.

Y esta entrega de la prensa continúa sin solución de continuidad, bien con noticias relacionadas con el Carnaval, bien con divertidos anuncios insertados en sus páginas. Así traspasamos el umbral de un nuevo siglo y comprobamos cómo la prensa continúa mimando al Dios Momo en cualquiera de sus expresiones, principalmente a pie de calle. ‘La revista de Ceuta’, ‘El eco de Ceuta’, ‘África’, son exponentes del interés que despertaba el Carnaval entre los periodistas, como en el caso de los celebrados bailes en el Teatro del Rey.

La postguerra tae el tiempo de las coplillas susurradas, murgas escondidas… pero el latir del Dios Momo no se había extinguido. Todo gracias a esos valientes que continuaban adelante, a pesar de las prohibiciones que, en buena parte, hicieron enmudecer a la prensa

Como bien señala Paco Sánchez, con la llegada de la República, el Carnaval recobra bríos perdidos, los grupos se multiplican y las calles, una vez llegado febrero, se visten con sus mejores galas. La República también trajo una nueva forma de hacer periodismo, más libre, más intelectual. De nuevo la simbiosis entre ambos se daba espontáneamente. Pero el zarpazo de la guerra penetra contundentemente en la piel de todos los carnavaleros. ‘El Faro e Ceuta’, el día 6 de febrero de 1937, publica la nota del delegado del gobierno en la que prohíbe la fiesta del Carnaval. La postguerra tae el tiempo de las coplillas susurradas, murgas escondidas… pero el latir del Dios Momo no se había extinguido. Todo gracias a esos valientes que continuaban adelante, a pesar de las prohibiciones que, en buena parte, hicieron enmudecer a la prensa.

Igual que las agrupaciones no esperan al turrón para comenzar a ensayar, los medios planifican con mimo la cobertura de esa locura colectiva de sentimientos y arte. Sin duda, estribillos tan celebrados como el “whisky, Coca-cola y ponle hielo”, no hubiesen atronado con igual intensidad sin la presencia de los medios

Pero el esfuerzo vale la pena. Habitualmente, detrás del simple gesto de encender una radio o una televisión, se esconde un sinfín de personas que trabajan a destajo para que el producto sea lo mejor posible. Radio enlaces, unidades móviles, mesas de mezclas, mangueras y un largo etcétera de caprichos tecnológicos al servicio del Carnaval.

Igual que las agrupaciones no esperan al turrón para comenzar a ensayar, los medios planifican con mimo la cobertura de esa locura colectiva de sentimientos y arte. Sin duda, estribillos tan celebrados como el “whisky, Coca-cola y ponle hielo”, no hubiesen atronado con igual intensidad sin la presencia de los medios. Ni tan siquiera la ‘Chichiolina’ hubiese tenido tanto predicamento si no hubiese estado presente el micrófono o la cámara de turno.

Y voy más lejos. Ese afán de los periodistas de fagocitar todo lo que sea noticia nos empujó a visitar los ensayos, las peñas y las tertulias espontáneas de carnavaleros. El público pudo degustar de esta manera el otro Carnaval, más íntimo, cerrado en otros tiempos a los ojos ajenos. Esta situación también ha servido para propulsar nuestro Carnaval, y a fe mía, esas horas de trabajo de más se regalan con gusto, aunque el jurado nos tenga pendientes hasta que la luz de un nuevo día despuntaba a espaldas del Cine África.

Pero este matrimonio debe renovarse cada año, cada día. Los medios necesitamos a los carnavaleros, pero también estos deben empezar a comprender que sin el aliento del mundo de la prensa, poco hay que hacer a la hora de exigir mejoras en la fiesta. Si las agrupaciones por sí solas piden un teatro digno para esta ciudad, casi con seguridad, todo será como oír llover. Pero si los políticos sienten en sus nucas el frío aliento de la crítica periodística, implacable, a buen seguro que el edil de turno, no olvidemos que empleado nuestro, pondrá mayor interés en solucionar uno de los problemas que mayor daño hacen en la actualidad a nuestro Carnaval.

Pero este matrimonio debe renovarse cada año, cada día. Los medios necesitamos a los carnavaleros, pero también estos deben empezar a comprender que sin el aliento del mundo de la prensa, poco hay que hacer a la hora de exigir mejoras en la fiesta

Idéntica reflexión aplicaríamos a otros aspectos de la fiesta, como el reconocimiento popular de las costumbres carnestolendas, la riqueza de los tipos, la literatura de las letras… En resumidas cuentas, promover cultura.

De esta forma se pueden evitar malentendidos que provocaron, desgraciadamente para todos los ceutíes, un enfrentamiento entre AGRUCAR y el Ayuntamiento que hizo posible la irracional y vergonzosa celebración de dos festivales carnavaleros, uno de ellos con carpa incluida; otro, huérfano de apoyo oficial

Mirando al horizonte de la ‘tacita de plata’, me arriesgo a decir que los medios pueden contribuir a que, de una vez por todas, se comprenda que la organización del Carnaval debe ser responsabilidad directa de AGRUCAR, al más puro estilo fundación gaditana, y dejar que la Institución sea la que apechugue con lo económico. De esta forma se pueden evitar malentendidos que provocaron, desgraciadamente para todos los ceutíes, un enfrentamiento entre AGRUCAR y el Ayuntamiento que hizo posible la irracional y vergonzosa celebración de dos festivales carnavaleros, uno de ellos con carpa incluida; otro, huérfano de apoyo oficial. Realmente deprimente.

A este foráneo del Carnaval le gustaría ver algún día trabajar al unísono a carnavaleros y políticos, sin rencillas ni protagonismos. Sería una muestra de buena salud que el Dios Momo debe tener para aguantar noches de sueño y risas, abrazado a los ceutíes desperdigados por calles señeras como la antigua de la Cigarra.

Y aquí los medios tenemos el papel añadido de ser árbitros de la contienda, contribuyendo a la unidad y no a la separación, fomentando la participación, aprovechando que hoy no habrá grises que nos correteen por toda la ciudad porque sale de nuestra garganta un tono barítono, mientras el trino rompe el sonido el mar azulado de febrero.

Por eso quiero desde aquí partir una lanza a favor del Carnaval de calle, el niño pobre de la fiesta. Aquí no valen anuncios, sino la ilusión por narrar encuentros, originalidades y clamor popular. La calle es auténtica, libre y espontánea, y los periodistas nos emborrachamos de postulantes y coplillas, de máscaras y serpentinas, en espera de que tanto políticos como la propia AGRUCAR se decidan definitivamente a acoger en sus brazos esta otra manera de vivir la fiesta que, no olvidemos, fue la primera cara que nos mostró ese Dios Momo lujurioso y altivo.

Ya saboreo el olor del teatro, espero que de una puñetera vez en condiciones. El inalámbrico captará el nerviosismo de la tramoya. Las cámaras espían a las agrupaciones en los calentamientos y nuestros amigos de la prensa eternizarán fotográficamente los momentos estelares. Todo en beneficio del Carnaval, en ese equilibrio entre lo comercial y lo cultural, porque de siempre en este país de pan y pandereta, el saber ha costado dinero. Pero hay que saber, y creo que eso lo hemos aprendido, que nuestras tradiciones son responsabilidad de todos y que Ceuta, hoy más que nunca, debe esbozar una sonrisa aunque los momentos nos inviten a todo lo contrario. Eso es lo importante, reírnos de nosotros mismos, reconocer nuestros errores y miserias y aunar hombro con hombro para levantar esta fiesta que sabiamente el calendario ha colocado antes del tiempo de rigidez y Pasión.

Y al que no le guste, que se le seque la hierbabuena.»

 

 

Transcripción de preguntas a la ponencia de Juanjo Cerro

 

Oyente.- Pienso, pese a lo que has dicho, que el Carnaval del 94, el de la carpa, no existió para los medios de comunicación de Ceuta porque suponía un compromiso con el Ayuntamiento para ellos.

Ponente.- Los medios se mueven por una simple cuestión de ‘pasta’. Desgraciadamente esto es así. Se trata de un trabajo empresarial, donde lo que cuenta no son los resultados, sino los beneficios al cabo del año.

 

Oyente.- Sinceramente, después de oírte, pienso que el poder político afecta al Carnaval y a los medios en su propia relación.

 

Oyente.- Los carnavaleros estamos hartos de que todos los años nos hagan siempre las mismas preguntas. Los medios no se preocupan por aprender, y si de hecho lo hacen, creo que es más por inercia que por iniciativa propia. ¿Hay bajo nivel en el periodismo carnavalero? Creo que hay muchas cosas que decir y no pienso, bajo ningún concepto, que haya que estar piropeando a todo el mundo, ya que en muchos casos y bajo mi parecer, se hace un flaco favor no exigiendo más calidad.

 

Oyente.- Tú has hablado de que los medios se adelantaron por conocer algo más íntimo de las agrupaciones, aparte del concurso, pero sin embargo, seguían y seguís interesados por los mismos temas, por los mismos matices…

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