En 2007, el Carnaval de Ceuta fue pregonado por un obrero y artesano de las letras cuya existencia, como la de este Quijote,  giraba en torno al periodismo y al Carnaval.

Debido a la lluvia, aquel pregón se trasladó de la Plaza de los Reyes al restaurante ‘El Varadero’, donde Juanjo Coronado manifestó lo siguiente:

Caballas y caballos / buenas noches, rogando perdón, me presento temblándome el alma / preguntándome quién seré yo, humilde contador de cosas, mal cantador de coplas, para ser recibido con honores de ordenanza en el palacio del tres por cuatro, en el reino del tatachán / vestido de esta manera, porque el tipo es lo de menos, solo soy un simple cortesano de la nación de febrero, la más pequeña de las doce tribus del tiempo, a quien le tocó pregonar estas fiestas / por orden del conde don Carnal, quiero anunciar a Ceuta que desde hoy, y en los próximos días, el himno oficial de la ciudad deberá tocarse a ritmo de caja y bombo, y desde este momento quedan terminantemente prohibidos los resentimientos, malos entendidos y cuitas del pasado / por el designio divino del dios Momo, ordeno a cuantos me escuchen que vayan corriendo a buscar una peluca, un antifaz y un bote de pintura para inundar las calles y esquinas de serpentina y papelillos / cante y baile el hombre, desde las claras del día hasta la madrugada, desde San Antonio a la Almadraba para celebrar que, un año mas, ha llegado el carnaval /

¿Que quién soy yo? / solo soy uno más de ustedes, uno de tantos a los que ese ladrón llamado Febrero ya le ha robado una vida entera, como a Javi Téllez / no es mi infancia, como la del poeta, recuerdos de un patio de Sevilla, sino de un barrio hecho de latas y la higuera de un viejo portuario / fue mi infancia feliz, por lo que posiblemente no interese a nadie / y recuerdo que al final de mi niñez, en ese tiempo donde no se es niño ni hombre, un viejo radiocasette y una grabación de mala calidad me acercaron, por primera vez, al carnaval /

Morena y legendaria fue la raza mora, lo mismo que la tierra donde fue curtida, decía aquella copla / yo, que hasta entonces no había prestado ni medio minuto de atención a una copla de carnaval, que recordaba haberme aburrido solenmemente en el viejo Revellín mientras veía subir en compañía de mis padres a imagineros, chirivitas, plantas o pelotones majaretas al escenario, me sentí fascinado por aquella cinta / seguí rebobinando, y descubrí que América en la luna tiene una bandera o que un cuatro de diciembre murió un malagueño tan solo porque estaba queriendo a su tierra / fíjense qué cosas: unas coplas escritas el año de mi nacimiento, no en Ceuta sino en el Puerto de Santa María, consiguieron, catorce años después,  que el niño se hiciera carnavalero /

Así pues, con la ilusión de un principiante, comencé a indagar, a interesarme por el carnaval / deduje que el cuplé es lo que lleva al final aquello que se repite siempre, o si lo prefieren el estribillo; que el popurrí es la parte más larga, el pasodoble la más seria y la presentación lo primero que se canta / llegué a la somera conclusión de que la chirigota debe hacer reír y la comparsa aflorar los sentimientos / deduje que debía tener su importancia del pito de caña y durante algún tiempo pensé que todas las comparsas llevaban una mujer chillona / cosa que, en serio creí, hasta que alguien me explicó un buen día que era aquello de la octavilla, pal que no entienda la voz finita / 

Y el caso es que no era yo el único de mi grupo de amigos que se había vuelto majareta con aquellas cosas que se cantaban en febrero / así que, un buen día, y tras haber sido animadoras o zulues con cañas cortadas en el campillo de otero en varias cabalgatas, decidimos que queríamos salir en una chirigota, que queríamos competir con Jaramillo, Téllez, Baby, Pepe o Santi Pozo / que para arte y salero, el nuestro y que para simpáticos y salaos, nosotros / no éramos malos, por gusto /

Esa misma tarde bajamos todos en tropel la cuesta del Hospital Militar / y es que nos habían dicho que allí había un hombre que tenía una tienda de pinturas  cerca de Maestranza, que había sacado años atrás una chirigota de chiquillos y que quería volver a las andadas, porque su hijo, que al parecer era de nuestra edad, le estaba dando la mundial /  renació entonces la chirigota de O’Donnell /

El hombre de las pinturas, no hace falta decir que era Pepe Romero, que ahora ve desde el anfiteatro del cielo como sus niños se hicieron hombres y alguno de ellos, pregonero / por tanto, va por ti, maestro /

Aquello del carnaval, por tanto, se nos metió en vena / de este modo mientras cualquier grupo de chavales de nuestra edad acababa las noches de parranda buscando un amorío o un sitio donde pusieran el ultimo pelotazo a niñatos imberbes, nosotros terminábamos no pocas veces destrozando la presentación de ‘Voces negras’ en los bancos de la Marina / así, mientras todo el mundo iba con el bombo al Murube para animar, – cuando la gente iba al futbol, claro está-, nosotros llevábamos también el bombo, pero siempre acabábamos con un pasodoble en el veinte de la segunda parte en vez de acordarnos, como todo el mundo, de la carta heráldica del colegiado de turno / bueno, eso también, para qué nos vamos a engañar / así, mientras en agosto la gente escuchaba piezas musicales de magistral composición y simpares letras de sutil contenido y denuncia social como ‘la mayonesa’ o el ‘mueve tu cucu’, siempre aparecía algún ‘chalao’ proponiendo un tipo para el año que viene / cuando todo el mundo se bañaba en la playa, no eran pocas las tardes que pasábamos en aquel rinconcito de Barbate que era la casa de Jerónimo Romero, quien nos enseñaba cosas como que ‘Entre las flores de un jardín bello nació una rosa’, que Barbate se pasó una vez al jurado del falla por el ‘Filo andaluz’ o que no había guitarra más afinada que la cordobesa /  la fiebre se redujo, al menos en mi caso / pero algo siempre queda, el puntito de gallareta no acaba de irse nunca / porque ¿quién que no conozca la historia que van a escuchar ahora, y que a nosotros nos cantó un día alguien, es capaz de pasear una noche de San Juan por la playa sin mirar al cielo y buscar entre el fuego purificador y estrellas perdidas la silueta perfecta de dos enamorados dándose el mas chirigotero de los besos?

Si les ha gustado el pasodoble, me alegro / si no les ha gustado, les prometo que yo no quería, que ha sido idea de Josemi, que se ha empeñado y ha habido que dejarle porque para algo hace veinte años de carnaval en este 2007 / sigamos / luego de esto comencé a ganarme la vida contando cosas, que es lo que sigo haciendo desde hace casi una década / qué raro resultaba escribir crónicas de carnaval, ver caras de cachondeo en los entrevistados que meses antes habían sido tus compañeros, de la tuya o de cualquier otra agrupación, como diciendo “¿dónde va el majara este con la cámara y la grabadora? ¡si canta menos que la cabra del Tercio, y va el tío y se pone a escribir de carnavales en los periodicos! Tendrá narices la cosa / como si entendiera algo, vamos” / y fíjense ustedes, por cierto, cuánto se parece el carnaval al resto de la vida / ¿cuántos payasos, sicarios o bandidos conocen que defiendan el tipo en cualquier mes menos en febrero? / ¿y qué decir de los políticos? / fíjense en que el cuarteto más famoso de la historia es el de las Azores y no el de Rota; cuando España entró en Europa eran doce miembros, como en una chirigota, luego fueron quince, como en una comparsa, y ahora veintitantos,  como en el coro de Javi Anta / y luego los repertorios: todos los años con la misma cantinela y el mismo estribillo, y sus seguidores que, como los malos aficionados al carnaval, solo aplauden a su agrupación y pasan del resto al que a veces dedican incluso el mayor de los desprecios, que por cierto es la indiferencia /  como les iba diciendo, en los partidos políticos pasa como en las agrupaciones /  todo el mundo quiere ir en primera fila o, como poco, llevando la caja y el bombo / cuando el jurado le da el primer premio a uno, todo el mundo es de esa comparsa o chirigota, o de ese partido / y se escucha a algún aficionado del grupo en cuestión decirle a otro: “no, si ya te decía yo a ti, que este año pelotazo / que el autor escribe pa matarse, que cantan todos como los angelitos del cielo y que las letras estaban mu bien seleccionás / además, a mí me han consultao muchas cosas, yo les he dao la idea del segundo pasodoble, y por lo tanto, el premio también me toca a mí un poquito / yo, con esta gente, te lo juro por la gloria de Cañamaque que  hasta la muerte, aunque sea pa repartir libretos y llevar agua en los ensayos”/ pero, ay del que pega el cajonazo / imaginemos a los dos mismos de antes: “que yo te dije a ti que con este tío no vamos a ningún lao, hombre, que van tos desafinaos y que el tipo tiene menos gracia que un sueco cantando colombinas / que este la mejor letra que ha firmao es la del BBV y que hay que echarlo, porque así no nos comemos una rosca / me parece a mí que el año que viene vamos a coger tú y yo el grupo, verás como así tiramos palante, y aunque lo mismo no ganamos, seguro que lo hacemos mejor que el chufla este”/ no se me enfaden, señorías, pero qué de tonterías pa salir en el carnaval/

Así que creo que a estas alturas ya van sabiendo ustedes un poquito quién soy yo / y ya ven por dónde gira mi existencia: periodismo y carnaval, carnaval y periodismo / el carnaval: un anuario que solo sale en febrero, y que no entiende de líneas editoriales, publicidades, y que no tiene nunca problemas a la hora de cuadrar un titular / el periodismo: ese balcón privilegiado para mirar al teatro del mundo, donde todo el mundo cabe, donde se puede ver quién lleva antifaz y mascara, quién plagia las letras y quién canta a pecho / lástima que a veces ambos dos no parezcan entenderse del todo / y es una pena, porque ambos beben, originalmente, de la misma fuente: el agua de la libertad, que como dijo el poeta, no puede comprarse para que el pueblo calle, aunque pueda encerrarse la verdad para que el populacho nos aclame / porque no hay verdad sin libertad,  y alguien cantó una vez que tampoco hay libertad sin cadenas, porque  es la libertad rodeos que va dando la cadena / y, sinceramente, creo que esta frase es válida para la prensa y para el carnaval/

Como también alguien cantó una vez que de aquí ninguno se había bañado en la Caleta / convendrán conmigo en que cuando llega cualquier fiesta señalada, los ceutíes nos ponemos como locos a defenestrar las nuestras para compararlas con las de fuera / así, para carnaval, el de Cádiz; para ver buenos costaleros y grandes ‘levantás’, nada de calle Velarde: a la Campana de Sevilla / como si en Ceuta no se sintiera la copla al cantar o no pesara la imagen de Jesús de Nazaret / como se viven en Granada las cruces de mayo, en ningún ‘lao’, como si aquí las tortillas de papas fueran del año ‘pasao’, ni tiene nada que ver nuestra feria con la de Sevilla o Jerez, a pesar de que la nuestra está todo el día llena / de gente rajando de la feria, pero llena /  y cuando llegan la Navidad o los Reyes Magos, no hay nada que hacer / en cualquier lado, recuerden, siempre habrá mejores cosas que en Ceuta/ eso sí: estos comentarios hay que hacerlos dándonos el golpe de pecho de caballas, sobre el que obligatoriamente tendrá que ir el escudo de la ciudad, echándole la culpa al Gobierno y no pensar en qué podemos hacer nosotros aparte de llorar, y después de recalcar setecientas cincuenta y ocho veces en tres segundos que somos mas españoles que la siesta, la paella o la eliminación en cuartos de final /

Es curioso, Ceuta, es curioso / lástima que seas madrastra para tus hijos /  y lástima que tus hijos olvidemos que tu Virgen no cura epidemias, pero para maremotos / lástima que tus hijos busquemos fuera lo que tenemos en casa / lástima que no inspires al poeta, pese a que seas hermosa mujer con ojos de marina y cintura de Almadraba a la que en primavera le huele el cabello a azahares de Revellín, pese a que la niebla se haga foso y murallas cuando dos mares se enfrentan por abrazarte, pese a que tu fortaleza recoja al atardecer los rayos de un sol envidioso que quisiera, y no puede, dormir en San Antonio / lástima, mi barquita fenicia, que soplen tus velas vientos de soledad / lástima que muchos de aquellos que a tus costas llegan y encuentran su hogar, solo vean defectos en una tierra que les da todo, más que a sus propios hijos / lástima que a quien quiera camelarte le baste con decir que eres tan española como Teruel, cuando en Teruel no dicen que es tan española como Ceuta / lástima, esclavita del levante, que los ceutíes andemos cuatro caminos distintos sin darnos cuenta que todos conducen a ti y, a fin de cuentas, a entendernos porque no es tanto lo que nos separa / lástima, Ceuta, lástima/

Pues yo no quiero ser gaditano, Ceuta, aunque sabe dios que bien quiero a la abuela de occidente / tampoco quiero ser serpentina ‘pa’ enrollarme en tu cuerpo ni papelillo ‘pa’ meterme por dentro / yo quisiera ser un trocito del Terramar, África, Cervantes o Revellin / del cuartel, no de la manzana de la discordia / no quisiera mas Viña que la viña de la verdad, ni quisiera más barrio pesquero que la Almadraba o San amaro / no quiero  rosas en Navidad, sino claveles tan rojos como la grana para que se los lleve la valenciana / no quiero olvidar que delante de este atril tienen que ponerse más compañeros, más trovadores de coplas, más cortesanos de febrero, más notarios que cuenten el rumor de letras escondidas en el Callejón del Lobo o las Murallas Merinidas / no quiero abandonarte, quiero ser tu alma de por vida /

Ni quisiera alargarme más / hasta aquí llegan mis palabras, mis cosas, mis minutos de gloria / hasta aquí llegan mis cantares, mis piropos, mis reproches y mis nervios / mañana volveré a encontrarme, con quien quiera donde siempre / mañana volveré a mi asiento de este teatro de la vida, a averiguar quién anda ‘desafinao’, qué se oculta detrás de cada máscara / mañana comienza de nuevo mi popurrí, mientras en la redacción del carnaval se sigue escribiendo para la edición del próximo año / ¿que quién soy yo? / solo uno de ustedes, que tan poco dio al carnaval y que ahora recibe la mayor de las distinciones carnestolendas posibles / por eso me despido ya como vine: cual principiante martinista, dándote las gracias, Ceuta, por haberme permitido cumplir hoy, y aquí, mi gran sueño: déjame que te pueda decir todo lo que yo siento /

Un programa especial emitido el pasado 7 de noviembre hacía un repaso por los directos llevados a cabo hasta la fecha. Un total de 25 programas en los que ha participado un centenar de invitados. A continuación, los programas, de más recientes a más antiguos:

Especial 25 programas

Entrevista a Iván Chaves

Especial AGRUCAR

Entrevista a Pedro Iarley

Entrevista a Fran Amado

Los héroes del ascenso

Entrevista a Andrés Peña

Entrevista a Francisco Rodríguez, ‘Pacorro’

Cuarteto ‘Cómicos ilustres’

El cuarteto de La Pantera

Entrevista a Manu Cerdán y Dani López

Homenaje a Jerónimo Romero

Entrevista a Alfredo Luque

Entrevista a Antonio Jiménez

Entrevista a Bernabé Sánchez

Entrevista a José Manuel Cardoso y Pedro Escámez

Entrevista a Javi Téllez

Entrevista a Jose ‘Beiby’

Entrevista a Valeriano Hoyos

Entrevista a José Miguel Borrego

Entrevista a Alberto Mateos

Entrevista a Sabri Jamu

Entrevista a José María Vergara

Entrevista a Carmen Seglar

 

Los dos primeros programas, las entrevistas a Josemi Romero y a José Mari Sánchez, solo se emitieron en directo a través de Instagram.

 

 

Diego Sánchez Baglietto, concejal de Festejos durante los años 1988 y 1989, intervino en el I Seminario del Carnaval de Ceuta, celebrado en el 95 y organizado por AGRUCAR, para hablar de su experiencia durante los dos años en que rigió los destinos carnavalescos de la ciudad. Fallecía en 2008 dejando en el recuerdo la entrega de un concejal que trabajó por el Carnaval ceutí en sus primeros años. Hace ahora 25 años, defendió esta ponencia:

«Doy el inicio a esta ponencia, señalando antes que hacerla no es más que un enredo en el que me he visto inmerso como consecuencia de la amistad que me une a la gente del Carnaval y para que, de alguna forma, quede constancia de las experiencias que he tenido como concejal de Festejos durante los años 88 y 89 y que me gustaría dejar en este primer seminario. Un primer seminario que, dicho sea de paso, celebro enormemente que desde AGRUCAR se haya determinado realizar, ya que significa, bajo mi humilde opinión, el primer paso para construir un Carnaval de cultura bajo la vigilancia de lo que ha de ser la Fundación Ceutí del Carnaval.

(…) los avatares del destino me llevaron durante dos años a regir los destinos carnavalescos. Si bien es cierto que me encontré con un Carnaval ya asentado entre nosotros, participativo y, en muchos aspectos, envidiable, no menos cierto es que el mismo se encontraba vacío de infraestructuras y carente de valores enraizados (…)

Pues bien, como ya he dicho, los avatares del destino me llevaron durante dos años a regir los destinos carnavalescos. Si bien es cierto que me encontré con un Carnaval ya asentado entre nosotros, participativo y, en muchos aspectos, envidiable, no menos cierto es que el mismo se encontraba vacío de infraestructuras y carente de valores enraizados, motivo por el cual se organizaba desde 1983 bajo la premisa de una fiesta más y, por consiguiente, bajo la tutela de la Concejalía de Festejos, cuando en realidad debiera ser la de Cultura la supervisora de las producciones carnavalescas. Pero esto es otro tema del que quizás vosotros, mucho más inmersos en este mundillo que este profano servidor, sepáis. En fin, que entono el ‘mea culpa’ correspondiente, porque también pasé de la responsabilidad de dotar al Carnaval de una base estructurada y concreta desde donde alimentar y cuidar la Fiesta como expresión y cultura popular y no la expresión y cultura popular como fiesta. Pero también coincidiréis conmigo en que de aquella época, poquitos, por decir contaditos, podían erigirse como “sabios” carnavalescos, por lo que si no lo érais vosotros, imaginaos el concejal…

Cuando comentábamos que unas cinco mil personas se habían dado cita en el Revellín, pocos, muy pocos, se lo creían, pero era cierto

Me encontré con un Revellín techado pero invalido en acústica, según los entendidos y ciertamente, ojalá, hubiéramos tenido siempre solo ese problema, ya que como lugar de esparcimiento carnaválico, como zona de bailes o simplemente como centro de reunión del mundo de la máscara y el antifaz, era único. Su envidiable situación, su capacidad, su extraña belleza y las posibilidades que emanaba, hacían del viejo cuartel el más estrambótico y, al mismo tiempo, inmejorable teatro de pasiones.

Cuando comentábamos que unas cinco mil personas se habían dado cita en el Revellín, pocos, muy pocos, se lo creían, pero era cierto. Y aquella marabunta de gente disfrazada, algunos con cuatro trapos, los más con una simple careta comprada en los puestos de venta de la calle Real y otros rebozando imaginación, se movía, saltaba, bailaba, bebía y cantaba en una bacanal de expresiones libertarias que a más de uno nos ponían los vellos de punta.

(…) la falta de un seguimiento carnavalesco en colegios a pesar de que empezaba a funcionar la Escuela de Carnaval en Barriadas, aunque como todas las cosas, cuando no hay una financiación adecuada y un apoyo por parte de los propios carnavaleros difícilmente podía tener continuidad (…)

También es cierto que pudimos hacer más y mejor, pero como ya he dicho antes, era como pedirle ‘peras al olmo’, y sálvese el que pueda. La Cabalgata se nos iba de las manos, y eso que ya por aquel entonces comenzaba la decadencia de la misma, y es que los bolsillos, aunque no queramos creerlo, notaban con mayor amargura la llegada de la crisis. A todo esto, llega la Guerra del Golfo y el miedo en algunos casos y un conjunto de adversidades y errores en otros, encienden la luz de alarma sin que, al menos así lo creo, desde nuestro sillón pudiéramos hacer nada para evitarlo. ¿Errores? La carpa en la Plaza de Rafael Gibert, donde creíamos que por su coqueto diseño podrían darse los bailes con igual intensidad que en años anteriores. O la falta de un seguimiento carnavalesco en colegios a pesar de que empezaba a funcionar la Escuela de Carnaval en Barriadas, aunque como todas las cosas, cuando no hay una financiación adecuada y un apoyo por parte de los propios carnavaleros difícilmente podía tener continuidad, algo muy parecido a lo que ha sucedido en el Taller de Carnaval de la Casa de la Juventud, donde creo que precisamente el interés carnavalesco ha brillado por su ausencia.

Pero en fin, de los errores se aprende mucho más que de los aciertos y en este sentido espero que esta corta ponencia deje algunas conclusiones válidas para el futuro de esta Fiesta en nuestra ciudad. Si participando en este Seminario he conseguido devolveros mi respeto y admiración por todo este mundo de imaginación y fantasía, me doy por satisfecho. Si, por el contrario, no lo he logrado, que será lo lógico, espero que sepáis disculpar a quien en su día cometió el gran error de dejarse mecer por las olas de las serpentinas sin darse cuenta de que, al final, los papelillos se los lleva el viento y las tiras de papel, los barrenderos.»

El I Seminario del Carnaval de Ceuta se celebró en 1995, un año después de una de las polémicas más sonadas de las carnestolendas caballas, el desacuerdo entre muchos carnavaleros y Festejos que propició que un importante número de agrupaciones no acudiera al concurso oficial, celebrado en la carpa, y participara en un festival organizado por AGRUCAR en el Cine África. Este asunto acaparó el turno de preguntas de la ponencia de Francisco Luis Jiménez, ‘Chiki’, que aclaró todos los detalles en cuanto a la decisión de su comparsa de concursar en la carpa. Pero antes, el autor ofreció una interesante charla en la que ahondó en la historia del Carnaval de Ceuta y desgranó detalles técnicos de agrupaciones de distintas épocas:

«Antes de iniciar lo que hoy se ha dado en llamar “ponencia” y que en mis tiempos llamábamos, simple y llanamente, “pensamiento” o “posturencia” (palabra que quiere decir postura de conciencia), quisiera dejar entrever que no hacen falta tantos “opinadores” y sí muchos más “apechugadores” para que el Carnaval, y hablo en general, no se quede en comentarios de barra.

Esos que hoy día saben tanto de Carnaval: de su historia, de sus consecuencias, de su Cultura, de su grandilocuencia… no son más que súbditos de su propia ignorancia, escondiendo tras su supuesta y arrogante sabiduría, el desconcierto y las carencias de su cocorota descarnavalizada. Dicho esto, ahí queda esta “posturencia”, que no es más que otra ‘chalaura’ de alguien que solo pretende aportar unos folios para que este Seminario pueda tirar “p’alante”.

Comparar el Viejo y Glorioso Carnaval de otras épocas, con el Nuevo y, cierto, ya caduco Carnaval, es como pretender hacernos creer que el Ayuntamiento, ahora Asamblea, ha comprado a Galo el teatro Terramar y el Concurso de Agrupaciones de este año se va a celebrar allí. Pero antes de ahondar en las diferencias que a mi parecer existen entre el pasado y el presente de la Fiesta, quisiera dejar algunos datos cronológicos que a todos nos pueden ayudar a entender más aún nuestras raíces carnavalescas.

En primer lugar, el Carnaval de Ceuta tiene, indudablemente, un nexo de unión al gaditano, no tanto por aquello de lo que cantamos y cómo lo celebramos, sino porque, sencillamente, nuestro pueblo y la Tacita tienen la misma antigüedad en común, es decir, 3.000 años, y un mar que siempre nos ha unido mucho más de lo que nos ha separado. El mar… Si bien es cierto que los griegos, los fenicios, los romanos y otros pueblos tuvieron aquí su sitio, no menos cierto es que se debía a una corriente comercial entre las naciones con necesidades de amplitud de fronteras en algunos casos y de intercambio mercantil en otros. De igual forma, a lo largo de los siglos otras culturas se desplazaron hasta nuestra ciudad y la Gadis Herculana. Así pues, una vez iniciada la conquista del Mediterráneo por catalanes pertenecientes a la Corona aragonesa o venecianos, nos encontramos con la agradable sorpresa de una primera toma de contacto con el entonces surgente Carnaval de Venecia que, a bordo de navíos comerciales, llegaban a todos los puertos de la ribera mediterránea, y por lo tanto, hasta Ceuta, como bastión cristiano en una zona tradicionalmente comercial que, al igual que sucede con Cádiz, se abre por sus propias necesidades a otras rutas atlánticas y africanas.

En primer lugar, el Carnaval de Ceuta tiene, indudablemente, un nexo de unión al gaditano, no tanto por aquello de lo que cantamos y cómo lo celebramos, sino porque, sencillamente, nuestro pueblo y la Tacita tienen la misma antigüedad en común, es decir, 3.000 años, y un mar que siempre nos ha unido mucho más de lo que nos ha separado

Pues bien, llega el Carnaval con los venecianos, y estos lo celebran principalmente en los alrededores de la dársena ceutí, cosa lógica si tenemos en cuenta que por aquellas fechas no debían existir muchos sitios donde hacerlo. Así pues, la vida de la ciudad giraba en torno al puerto y esto hizo que conociéramos la máscara y el antifaz, la música sarcástica de aquellos marinos que cantaban coplas críticas contra su capitán, su bandera o sus mandatarios, al igual que desde los tiempos de la Edad Media hacían los juglares por pueblos y plazas. ¿Es, entonces, viejo nuestro Carnaval? ¿Se puede considerar como nuestro por el mero hecho de que las referencias históricas giren desde hace tres siglos?

El Carnaval de los viejos, ese al que tanto se alude cuando comprobamos que el nuestro no funciona, tenía tantos problemas como este, pero sin embargo conservaba a su vez la virtud de la no dependencia, es decir, no se movía única y exclusivamente por los caprichos de las instituciones. De esta manera, no se “umbilicaba” con subvenciones que a la postre son las que someten la espontaneidad y, por lo tanto, la creatividad de esta Fiesta. Las letras de las coplas eran mucho más críticas, salvando, eso sí, las decadencias y ordenamientos de los distintos gobiernos, mucho menos comprensivos y mucho más subyugados a los poderes fácticos. Por poner un ejemplo, a nivel de calle, en 1898 no se criticaría de ninguna forma la instalación de una carpa para los bailes, a pesar de que entonces funcionaban en Ceuta varios teatros, pero sí que no pusieran una tribunita para que las murgas y charangas de aquel año pudieran cantar, y de esta forma los vecinos oír sus letrillas, mucho más identificadas con los movimientos de izquierda o republicanos, que con cualquier otra opción.

El Carnaval de los viejos, ese al que tanto se alude cuando comprobamos que el nuestro no funciona, tenía tantos problemas como este, pero sin embargo conservaba a su vez la virtud de la no dependencia, es decir, no se movía única y exclusivamente por los caprichos de las instituciones

Una vez concluidos los posicionamientos y ya metidos en materia, debemos preguntarnos cuál es entonces el mal de la Fiesta. Si es cierto que existe un mal, ese, indudablemente, somos nosotros mismos, los carnavaleros. El porqué tiene muchas explicaciones y en las líneas siguientes trataré de despejar estas dudas.

Ya he hablado antes del Viejo Carnaval, el problema se encuentra cuando pretendemos compararlos, es decir, son épocas distintas y, por lo tanto, las necesidades son distintas, pero existen cuestiones comunes que sería conveniente analizar detenidamente para comprobar qué tenemos y qué teníamos:

En primer lugar hay que hacer constar, por lo que se refiere a las agrupaciones, que en aquella época la forma de expresión cantada no exigía tantas voces, ni conocimientos musicales como en la actualidad. Esto es un hecho, ya que las murgas y charangas se bastaban con una voz base, o tenor, para realizar sus repertorios, mientras que en la actualidad cualquier agrupación añade la dificultad de expresarlo en varias voces, con lo que, al mismo tiempo, desarrolla un repertorio musicalmente mucho más completo. Así pues, en aquellos años era mucho más fácil cantar que ahora. Una agrupación de 1935 en el colmo de la sofisticación, usaba un laúd, una guitarra, una caja, un bombo, y todos con la misma “toná”. Mientras que una agrupación de 1995, sesenta años después, necesita: tres guitarras, caja, bombo y lo que no está escrito en voces, desde el famoso segunda, pasando por tenores, octavillas, altos, contraltos… Y todos los disonantes que ustedes quieran porque esa historia, la de los disonantes, es “pa” contarla otro día. A todo esto, las murgas no necesitan un repertorio extenso en cuanto a producción literaria, mientras que una comparsa, por hablar de aquello que yo conozco, necesita como mínimo seis pasodobles, seis cuplés, una presentación y, para rematar, el popurrí.

Por lo que respecta al vestuario, la diferencia se centra única y exclusivamente en la complicación del disfraz o tipo, más por aquello del concurso en estas fechas que en aquel entonces, pero en definitiva y siempre mirando los costes de una época y de otra, en este sentido no han existido grandes diferencias. Una charanga cantaba mayormente en la calle, a las puertas del teatro para “señoritos” o en los pisos y fiestas privadas de estos. Una comparsa o chirigota canta principalmente para la gente que va al concurso; así es donde expone sus mejores composiciones y temas y donde refleja con una parafernalia cada vez más estrambótica en la presentación lo que, supuestamente, lleva seis meses ensayando.

Al no existir en aquellas épocas tantos intereses creados en torno al Carnaval, la propia idiosincrasia popular tomaba al asalto la ridiculez para “esperpentear” sobre los personajes de la época. De esta forma, la calle se tornaba en el teatro popular y eran las gentes humildes las que copaban los “sitios” de las murgas, protagonizando una “rebelión” con fecha concreta. En la actualidad, la mayor parte de los componentes tiene estudios básicos y el resto superiores, por lo que la Cultura, indudablemente, toma asiento entre las agrupaciones, existiendo un nivel medio alto que se refleja en la concepción de repertorios donde se busca la pluma más grandilocuente y las formas expresivas más castellanizadas, sin que con ello se pierda el componente gaditano y andaluz, ya que de lo contrario sería un guiso con demasiada sal. De esta forma, se insiste una y otra vez en los ensayos en la necesidad de vocalizar más y gesticular menos.

Por lo que respecta a la calle, es indudable que todos los acontecimientos públicos se ven reflejados en ella, y así es fácil comprobar que en los años de penuria económica, esta siempre ha sido mucho menos participativa. Trasladando esto a la última época de Carnaval que vivimos y añoramos, es decir, desde el año 83 que nos devuelven la Fiesta como un acto programado más y sin creer los organizadores por un momento que pudiera tener la repercusión popular que tuvo, pues trasladándonos hasta entonces, nos damos cuenta de que el pueblo se echó a la calle sin pensar mucho en el disfraz de turno: gitanas, brujas, indios, vaqueros, etc., coincidiendo con unos años aventajados del llamado “estado del bienestar”, donde el poder adquisitivo de gran parte de las capas sociales ceutíes era más estable. Los años siguientes, y concretamente a partir de 1988, se denota un importante bajón en la calle, y creo sinceramente que al margen de locales donde celebrar bailes, como carpas o cuarteles metidos en teatros, el principal problema llegaba cuando la carestía de vida hacía acto de presencia. Las subidas salariales congeladas mientras los precios se disparaban, el coste de las mercancías, la sofisticación de la Fiesta y el hecho de que no vale lo mismo una careta de gorila hoy que hace diez años, influye, y mucho, en la participación. Luego están otras cosas, como el enfrentamiento que existe en nuestro pueblo entre distintos posicionamientos políticos que se trasladan a la sociedad a través de los medios de comunicación y que influyen negativamente en el deseo de fiesta y participación de los ceutíes.

(…) en estos días, en estos años, el Carnaval necesita menos miradas comparativas y más trabajo en común, algo que, desgraciadamente, aún no hemos aprendido los carnavaleros, que seguimos empecinados en guerras fraticidas, en historias personales y en lo que pudo ser y uno fue. Cuando seamos capaces de quitarnos de encima nuestras propias frustraciones, seremos capaces de construir una Fiesta más nuestra como tal, una raíz más de un árbol al que desgraciadamente le faltan demasiadas hojas y al que nosotros, desde nuestra incompetencia, hemos ido secando

Quisiera concluir el espacio de esta “posturencia” sin la complejidad que dan las palabras y acariciando, si es posible, las conclusiones, mis conclusiones, con la humildad de quien realmente no ha pretendido sino colaborar en el desarrollo de este Seminario con sus propias ideas y dejando en el aire las posibilidades que nuestro Carnaval ofrece y que, desgraciadamente, aún no hemos sido capaces de explotar.

Por todo ello, lo principal sería destacar que el Viejo Carnaval era el Carnaval de nuestros viejos, dicho con el respeto, pero que en estos días, en estos años, el Carnaval necesita menos miradas comparativas y más trabajo en común, algo que, desgraciadamente, aún no hemos aprendido los carnavaleros, que seguimos empecinados en guerras fraticidas, en historias personales y en lo que pudo ser y uno fue. Cuando seamos capaces de quitarnos de encima nuestras propias frustraciones, seremos capaces de construir una Fiesta más nuestra como tal, una raíz más de un árbol al que desgraciadamente le faltan demasiadas hojas y al que nosotros, desde nuestra incompetencia, hemos ido secando.»

 

Transcripción de preguntas a la ponencia de ‘Chiki’

 

Pregunta: ¿Qué es un ‘segunda’ para ti?

Respuesta: Una voz base por debajo del tenor, carnavalescamente hablando. Musicalmente hablando, es el intervalo de una nota a su inmediata superior o inferior, en otras palabras, se trata de un impás musical, aunque creo que todo esto es una tontería, ya que depende del tono de composición y los propios poderes de la agrupación a que se destine, el ‘segunda’ puede ser un tenor. No se debe dogmatizar la ‘segunda’ como voz omnipresente.

 

Pregunta: ¿Qué es una buena rivalidad?

Respuesta: Creo que bien entendida es un instrumento para la superación, lo que ocurre aquí es que dramatizamos en cuanto a rivalidad y entendemos esta como la posibilidad de entrar en temas personales, cuando no debería ser así.

 

Pregunta: ¿Por qué tu agrupación se unió a las demás en la carpa?

Respuesta: Principalmente porque AGRUCAR dio libertad de acción a las agrupaciones, recalcando que no se tomarían medidas contra ninguna y se respetarían sus decisiones, pero también porque en esta agrupación se han hecho las cosas democráticamente y se votó a favor de ir a la carpa. En este sentido, debo resaltar nuestra solidaridad real, cuando en este local han ensayado (por falta de local propio) la chirigota de Jaramillo, la de Téllez, la comparsa ‘El músico loco’… O hemos dejado instrumentos a chirigotas y comparsas, o apoyando con repertorios y músicos a otras agrupaciones, etc. Creo que esa es la verdadera solidaridad que nadie quiere recordar ahora. También debo decir que durante la votación, que se repitió en tres ocasiones porque yo quería ir a cantar al ‘África’, había una chirigota de testigo, concretamente la de Téllez, y vio todo el proceso de votación y oyó cómo alguno expresaba su temor a que si se iba al ‘África’, las otras agrupaciones o su público pudieran emprenderla contra nosotros.

 

Pregunta: ¿Tuvisteis miedo o fueron otras razones políticas y personales?

Respuesta: Por un lado existía el miedo a ciertos sectores del público, como ya he dicho, y por otra el lógico a no poder atender a los compromisos económicos de esta agrupación, que si en algo se había distinguido era precisamente en no saber buscar soluciones económicas alternativas, al contrario de otras, pero en ningún caso fueron razones políticas, ni mucho menos personales, sino sería ilógico que pudiera estar sentado aquí con alguno de vosotros.

 

Presidente: ¡Esto parece un juicio! ¡Se está acribillando a ‘Chiki’ con temas que nada tienen que ver con la ponencia!

 

Desde el público: Creo que se está participando en un debate sobre la actitud en cierto momento de la comparsa de ‘Chiki’.

 

‘Chiki’: El Seminario debe valer para salir de aquí con las cosas claras, sobre todo habiendo tanto desconocimiento sobre nuestra actitud. De cualquier forma, creo que esta “terapia de grupo” deberíamos realizarla de vez en cuando, o mejor, en las semanas siguientes al término del Carnaval. De esta forma se lograría aclarar muchas cosas que, bien por desconocimiento o bien por ser “comentario de barra”, se desvirtúan y logran enrarecer el ambiente entre las agrupaciones.

El Seminario organizado por AGRUCAR y celebrado en octubre de 1995 contó con la participación de personajes reconocidos en el mundo del Carnaval ceutí. El autor Valeriano Hoyos fue uno de los ponentes. Su intervención decía así:

«Antes de entrar plenamente en la materia que me ocupa, quiero dejar bien patente mi intención de no ser dogmático, es decir, no pretendo que los pensamientos, ideas y opiniones que voy a expresar sean la verdad en esto del Carnaval, aunque tampoco creo que llevando esa intención lo lograra. Lo siguiente es simplemente una visión de cómo me gustaría a mí que fuera, y si de algo sirve, como se dice en mi pueblo, bendito sea.

Sé de antemano que no voy a ser muy optimista en todos los sentidos, pero la intención que me mueve es la de ver los aspectos negativos para intentar huir de ellos.

La situación global del Carnaval ceutí, la verdad es que no es muy halagüeña, por cuanto que, no nos engañemos, atravesamos tiempos muy difíciles en todos los ámbitos de la fiesta, en la calle, en el tema del teatro, etc. Y aunque si bien, por un lado el nivel de las agrupaciones que cantan va muy poquito a poco mejorando, el CARNAVAL, dicho así con mayúsculas, está un poco tocado del ala, y cuando digo Carnaval no le pongo el apellido Ceutí, puesto que creo que en muchos sitios, incluido Cádiz, el ambiente popular carnavalero no está muy sano que digamos, si bien es verdad que los concursos son los encargados de sustentar la fiesta, y es por eso por lo que la crisis no les afecta demasiado.

Aunque agrupaciones oficiales y agrupaciones callejeras forman parte de un todo, para mí me resulta más sencillo analizar el tema usando la anterior división, y así incidir en los puntos claves de la materia, de la que intentaré centrarme sólo en el terreno que directamente me interesa, el del Carnaval de Ceuta.

 

La calle

Haciendo uso del refrán “cualquier tiempo pasado fue mejor”, atrás quedan los buenos tiempos que a todos nos han llegado por referencias de nuestros mayores, y siendo imposible que vuelvan, de lo que estoy seguro es que sería muy positivo rescatar de ellos lo que estuviese en nuestra mano, y fuera bueno para la fiesta.

Para dejar patente mi sentir sobre lo que representan los carnavales de antes, y expresar lo que creo que aún quedan de esos tiempos y que no debemos perder, voy a incluir aquí el texto de un artículo que publiqué en el diario ‘El Faro’, en fecha 28 de enero de 1993, y que decía así:

 

Muchas veces, infinidad de veces, he oído decir a gente mayor: “Carnavales, los de mis tiempos sí que eran carnavales”, y, aunque todas las comparaciones son odiosas, creo que para hablar del Carnaval actual de Ceuta sería muy positivo contrastarlo y reflejarlo en el espejo del ‘Carnaval de antes’.

En primer lugar, el rapto cultural que supuso la censura de la posguerra, hizo que nos quedáramos sin padres que salieran disfrazados en la cabalgata, sin parientes que cantasen en murgas, sin locales donde, furtivamente desde la puerta, escuchar a la murga ganadora del año anterior, sin que nuestras madres nos cantaran esas cancioncillas que les hicieron gracia y que por su facilona, pegadiza y entrañable tonada hicieran de nanas improvisadas, en fin, hizo que los que no conocimos el hambre, los piojos y las cartillas de racionamiento, no ‘mamáramos’ de la gran teta del Carnaval.

Por lo tanto, el Carnaval actual surge en un primer momento desarraigado, huérfano de padre y madre, que busca ansiosamente, y ahí es donde estriba la diferencia entre la concepción antigua y la actual, el cariño y el ejemplo de otro gran carnaval: el gaditano.

No soy gran conocedor del Carnaval de antes de la guerra, sólo sé lo poco que he oído de personas, generalmente muy mayores, que me han contado y cantado el gran tesoro musical que guardaron durante muchos años, incluso recuerdo un caso que me ocurrió hace unos años, en el que una señora, después de cantarme susurrando y con las ventanas cerradas copillas de la época, me decía en voz baja: “De esto, que no se entere nadie, ¡eh!”.

Técnicamente las murgas, como así se denominaban, no estaban sujetas al reglamento que hoy impera en cuanto al repertorio, componentes e instrumentación, eran agrupaciones por tanto con un alto grado de improvisación a la hora de la composición musical de un repertorio, donde se usaban generalmente los ritmos de tres por cuatro y cuatro por cuatro, marcando el compás a golpes de caja y bombo, e incluso de bastón en el suelo. La ausencia de reglamentación también hacía posible que existieran enormes murgas, digo enormes porque su número de componentes era bastante elevado.

Siento una gran curiosidad al pensar qué hubiera sido del Carnaval de Ceuta de no haber existido ese truncamiento que supuso la guerra y cómo habría evolucionado: quizás nos hubiera llevado al mismo de hoy, o quizás no. Lo cierto es que, a buen seguro, la «revolución gaditana» de la afinación e inclusión de la guitarra, aunque en Ceuta ya se usaban estas últimas, nos hubiera salpicado tomando así el camino seguido por la Tacita. Es por eso que la influencia gaditana marcará el ‘borrón y cuenta nueva’ que ha experimentado el Carnaval de esta ciudad.

En conclusión, para mí, ninguna de las dos formas de concebir el Carnaval (la antigua y la contemporánea), no son ni mejor ni peor, ni con más ni menos calidad, ni siquiera diferentes, por cuanto que, atendiendo al contenido y al origen, son iguales, por lo que, ya sea con nudillos en los mostradores o con guitarras, con una sola voz o con varias voces, con churretes en la cara o con caros disfraces, son los carnavales, como digo, el medio ideal para que un coplero, como simplemente me considero, derrame su ignorancia buscando tan solo la sonrisa del que lo oye.

Pero de lo que estoy seguro es que algún vejete me quitará la razón.

Para animar de nuevo la calle, y hacer residir en esta el Carnaval, sería necesario entender que la gran mayoría de los que forman el Carnaval popular, son precisamente esos, el pueblo, es de donde manan todas las ideas y hacia las que hay que dirigir la gran mayoría de las iniciativas, entendiendo a las agrupaciones como un medio y no como un fin.

Así sería interesante rescatar del pasado eventos como por ejemplo el Baile de la Prensa, cosa que se intentó en el carnaval del año 1985, pero que no ha continuado produciéndose en posteriores carnavales, siendo la experiencia aquella muy positiva, así como cualquier otra que produzca la participación de todos.

Yo no creo que el que la gente no se disfrace, o sea, que no participe plenamente en el Carnaval, sea solo un problema de dinero e imaginación por parte de las administraciones, por eso pienso que sería más interesante atacar a la gente haciendo constar esta fiesta como una TRADICIÓN más sin que se dude de su existencia, provocando así que la participación sea inevitable desde lo más hondo de nuestras raíces y costumbres. En resumidas cuentas, que forme parte de nuestra cultura.

Si bien es ardua la tarea anterior, se podría potenciar por parte de las administraciones (Ayuntamiento, o Asamblea como ahora se dice) la creación de peñas, que dejasen filtrar, por medio de sus actividades (participación en las cabalgatas, potenciación de agrupaciones callejeras, oficiales, infantiles y juveniles) esa tradición carnavalera, empapando así el resto de costumbres sociales e intelectuales que forman la cultura.

Tampoco creo que fuera positiva una participación total de la Administración en esas peñas, ya que si bien el dinero de subvenciones llega fácil, y por tanto se gasta fácil, el grado de compromiso con las actividades se vería mermado por la intencionalidad parcial y partidista que rezuma todo lo que tocan los intereses políticos, cuanto más en una ciudad pequeña como Ceuta. Son las ventajas e inconvenientes del ‘Carnaval del Estado del Bienestar’, donde el dinero público lo regaría todo, pero al servicio de la maquillada imparcialidad.

Tampoco opino que la Administración no deba apoyar en nada al Carnaval, más bien creo, sinceramente, que esa ayuda solamente tiene que ser para despegar, y se crearan automáticamente, por parte de esas peñas que organizaran actividades carnavaleras, medios que potenciaran la autonomía de las mismas en todos los sentidos.

No creo que sea una tontería lo que estoy diciendo porque hemos visto ya ejemplos de politización del Carnaval. No quiero contar nada pero basta con que mencione la palabra ‘carpa’ para que a todos se nos venga a la mente una situación en la que los intereses políticos se dejaron asomar por parte de la Administración. Y otro ejemplo que deja ver que tampoco es beneficioso tanta subvención es la contestación a la pregunta: ¿cuántas agrupaciones carnavalescas seguirán existiendo si anularan las subvenciones? Conste que me las ofrecen y las vengo cogiendo todos los años, eso es un ‘mea culpa’, pero habría que analizar ese tema y contestar a la pregunta que he formulado y si de la respuesta sale que alguna desaparece, yo me plantearía muy mucho lo que nuestro Carnaval tiene de tradicional.

Si bien, como he dicho antes, la crisis del Carnaval no es problema, en cuanto a los organismos oficiales se refiere, solamente de dinero e imaginación, esta última tendría que campear a sus anchas en las actividades de las peñas, asociaciones de vecinos, etc., o cualquier otra asociación de diversa índole, recurriendo siempre a la motivación de hacer participar en las tradiciones, pero una imaginación sin reducir todo a Cabalgata y bailes, terminando estos últimos, como siempre pasa, en verbenas, y para eso está el verano.

Hablando de la Cabalgata, esta ha de ser, ante todo, un espectáculo, en el que se produzca una relación interactiva público-participantes, estudiando los recorridos para facilitar las posibilidades de participación del público, por ejemplo escenarios (que últimamente ya los ponen), o la creación de una gran fiesta, con música en plena calle, al final del recorrido.

(…) e incluso estudiar la posibilidad de una Cabalgata sin recorrido, donde solo existiese un punto de partida y otro de llegada. Como ven, aunque esto último pareciese una tontería, el caso es echarle imaginación

Por tanto, habría de ser una Cabalgata ‘in crescendo’, e incluso estudiar la posibilidad de una Cabalgata sin recorrido, donde solo existiese un punto de partida y otro de llegada. Como ven, aunque esto último pareciese una tontería, el caso es echarle imaginación. En la cabalgata las agrupaciones que cantan son solo un medio y no un fin y eso hay que tenerlo bien presente, si bien hay que entender el hecho de que el lucimiento de las mismas se hace cantando, por lo que creo que ya está bien que el concejal de turno nos venga dando la vara cuando nos paramos a cantar, diciéndonos que rompemos la cabalgata. ¡Señor, échele usted imaginación!

Las actividades paralelas siempre son interesantes, pero si bien no necesariamente tendrían que hacerse relacionadas con el Carnaval directamente, la existencia de estas últimas hace que el que no participa en el sentido ortodoxo del Carnaval porque cree que sería incapaz de disfrazarse, pero en cambio, por ejemplo, es aficionado a la fotografía, participaría en un concurso de fotografía con el tema Carnaval, y ya habría un participante más contribuyendo, sin saberlo, a engrosar, de forma ortodoxa, la más pura tradición carnavalera. Lo del concurso de fotografía es solo un ejemplo, pero recurriendo a la protagonista del párrafo anterior, la imaginación, imagínense ustedes, valga la redundancia, la cantidad de actividades paralelas posibles. Ahora bien, si viene el señor concejal y oyendo lo anterior me dice: “yo estoy harto de hacer actividades paralelas y nadie participa”, mi contestación es clara: las actividades hay que saber venderlas y para eso hay que recurrir a lo mismo, imaginación.

(…) el Carnaval, por mucho que me pese, no forma parte aún de nuestras tradiciones, no es “lo nuestro”

Visto lo anterior, parece que con imaginación se llega a todos los sitios. No, no señor, lo cierto es que a ese hipotético señor concejal le falla su pueblo, y eso es lo que en cierta forma ocurre en esta ciudad, nos falta iniciativa popular, ya que como he dicho antes, el Carnaval, por mucho que me pese, no forma parte aún de nuestras tradiciones, no es “lo nuestro”.

 

Agrupaciones

No tiremos las campanas al vuelo, el nivel de nuestras agrupaciones sigue siendo, por ahora y en conjunto, mediocre. Aunque bien es verdad que el nivel técnico de las agrupaciones de otras ciudades es infinitamente superior, nadie le va a cantar a esta ciudad como solo lo haríamos nosotros. Solo nosotros la respiramos, la saboreamos, la sufrimos, en fin, la entendemos, de ahí la importancia que tiene que el Carnaval entre dentro de las tradiciones con mayúsculas y formar parte de nuestra cultura, sin que esta última, la cultura, tenga que llevar el apellido de ‘popular’, ya que eso la enmarca dentro de unos márgenes que no creo que esta fiesta, por lo menos en el sentido peyorativo que encierra la cultura popular, se merezca, ya que el Carnaval también tiene arte, señores.

Para hablar en principio de las agrupaciones, es necesario plasmar la importancia que tiene el reglamento, importancia tanto por su existencia como por su ausencia, y me explico:

En primer lugar, el reglamento que tenemos es el gaditano, y no está mal, ya que, como dije antes, las agrupaciones ceutíes son, en cuanto a forma, gaditanas. Ese reglamento, el gaditano, ha ido evolucionando a medida de las necesidades que el propio concurso tenía. Por ejemplo, se reglamentó la existencia de la comparsa a raíz de que un ilustre compositor gaditano, Paco Alba, creara una agrupación que difícilmente, por su afinación y elegancia en los temas que tocaba, podría ser encuadrada en las maneras de una chirigota. El concurso necesitó de otra modalidad, de gran éxito en nuestros días. Lo que quiero decir con esto es que de la noche a la mañana el señor Alba no dijo “voy a inventar la comparsa”, sino que fueron los dictados que imponía el concurso, los que hicieron necesarias las modificaciones del reglamento para encuadrar correctamente aquellas agrupaciones que sonaban distintas. Otro tanto de lo mismo ocurre con el tema de los tiempos de duración de presentación, pasodobles y popurrí, ya que han sido las necesidades del concurso las que han hecho que estén reglamentadas. Me explico: los jurados de Cádiz anualmente tienen que puntuar cientos de agrupaciones, por lo que es necesario que el número de agrupaciones diarias tenga que ser el máximo posible, reduciendo así el número de días de concurso, así es que, en consecuencia, los tiempos se han ido acortando paulatinamente. Otro ejemplo significativo de hace algunos años es que, para hacer posible las retransmisiones televisivas, los espacios entre las actuaciones de las diversas agrupaciones tenían que ser el mínimo posible, por lo que hasta ese tiempo fue reglamentado.

Lo que quiero dejar patente en el párrafo anterior es que los gaditanos tienen sus propias necesidades a la hora de reglamentar un concurso, sin que esas necesidades se planteen en esta ciudad, desgraciada o afortunadamente.

Digo desgraciadamente porque la fama, el tiempo que le dedican, su popularidad y profesionalización ha elevado la calidad del concurso, llevando el mismo a cotas que hace unos años eran insospechadas, y provocando, por el contrario, el recelo de los puristas.

Digo afortunadamente porque sin esas necesidades que enmarcen, filtren o pongan márgenes al concurso, podríamos utilizar a nuestro antojo a la madre del Carnaval, ‘la libertad’, es decir, libertad creativa en los repertorios, instrumentos y demás, todo ello sin olvidar lo tradicional, primando así el ingenio y la creatividad, siendo la pura ‘ley del público’ la que cribe en forma de ‘ley natural’ lo que más guste, abriendo mejor así el paso a las innovaciones, que también son necesarias.

(…) creo que el reglamento debe presentar un marco lo bastante ancho para que la creatividad tenga el menor número de márgenes posibles. De nada valen, para mí, la reducción en los tiempos de popurrí, por ejemplo, ya que será el público quien marque instintivamente, el tiempo cabal de los mismos

Por todo creo que el reglamento debe presentar un marco lo bastante ancho para que la creatividad tenga el menor número de márgenes posibles. De nada valen, para mí, la reducción en los tiempos de popurrí, por ejemplo, ya que será el público quien marque instintivamente, el tiempo cabal de los mismos.

Como dije antes, esa libertad facilitaría las innovaciones que, siendo necesarias, tampoco son excluyentes con lo anterior, y para explicar el sentido que los estilos de las agrupaciones tienen, voy a plasmar aquí un artículo que publiqué en el número cero de la revista ‘Tipo, tipo’ (hasta la fecha solo han sido dos números) que comenzaba de la siguiente forma:

 

Al uso pasajero en el modo de vestir, vivir, obrar, sentir y, cómo no, en los gustos, se le llama moda, y dado a que el Carnaval es un modo de vestir, obrar, sentir y, cómo no, en los gustos, y me repito, también disfruta o padece, según el cristal con que se mire, de las modas.

Viéndolo coherentemente más bien creo yo que las modas el Carnaval no las padece, sino más bien lo contrario, las disfruta, ya que las rupturas buscas que representan los cambios no traen sino que se produzcan avances (podría hablar aquí de Hégel, pero creo que quedaría algo pedante), es decir, la historia del Carnaval está señalada por los cambios en los estilos que se han producido en la manera de sentirlo e interpretarlo, en fin, por culpa de las modas.

Modas que, sin embargo, no hacen sino volver una y otra vez al punto de partida. Me explico: ciclos de chirigotas clásicas son seguidos por las ‘modernas’, que a su vez son sucedidas por ‘pelotazos’ que defienden a capa y espada el clasicón tres por cuatro (aquí podría hablar también de Eugenio D’Ors, pero creo que igualmente quedaría pedante).

Después de todos estos líos en el ir y venir de la moda en el Carnaval me pregunto: ¿Qué hago?, ¿qué compongo?, ¿qué escribo?, y siempre estoy con la duda de si subirme al carro de la moda imperante o mantenerme en mis criterios, pero donde no me asalta la duda es ante la pregunta: ¿qué me gusta?, ya que lo tengo claro, mejor dicho, clarísimo: Es cuestión de calidad.

Las ‘moderneces’ y ‘clasiqueces’ (perdón por el invento de las palabras, pero es una licencia que me voy a permitir) no son nada si no existe la calidad; podrán varias los gustos pero la calidad, carnavaleramente hablando, solo tiene un camino.

De nada valen las nuevas tendencias si no hay un fundamento (como dice Arguiñano, sin quedar pedante) en los repertorios, de igual modo que en tiempos de modernidad volver a lo clásico es inútil si no se hace igualando la calidad de lo que antes se hacía, advirtiendo en este caso que haciendo lo clásico en tiempos de ‘moderneces’, es participar de alguna manera en la modernidad.

Pero, para terminar, creo que en el Carnaval en este tema estamos de suerte, porque pueden coexistir todos los estilos, y es precisamente eso mismo, la calidad, la que hace posible ver agrupaciones carnavalescas de diversa índole estilística el mismo año. Todo ello contribuye a engrandecer esta fiesta en la que, como siempre repito y me gusta hacerlo, derramamos nuestra ignorancia, por mucho que digan Hégel, Eugenio D’Ors ni “la mare que los parió”.

 

Seguidamente me gustaría analizar el tema del concurso oficial de agrupaciones, donde precisamente, como expliqué anteriormente, no tenemos necesidades que puedan influir de forma contundente en el reglamento, necesidades de ningún tipo, teniendo que estar atentos a las necesidades políticas, ya que solo tengo que nombrar la palabra ‘carpa’ para que a todos se nos vengan a la mente necesidades políticas que estaban influyendo en la consecución del concurso.

(…) el Carnaval, en su más amplio sentido, somos todos y no paran sus fronteras en el concurso

El concurso, al mismo tiempo que las agrupaciones, es importante como medio y no como fin, planteándome a veces si en este pueblo tan pequeño, con tan pocas agrupaciones, fuera necesaria la existencia del mismo, llegando a la conclusión de que es precisamente el concurso lo que mueve a algunas agrupaciones a prepararse, así es que creo que es necesario, ahora bien, tengo que ‘regañar’, entre comillas, a las agrupaciones que enfocan su Carnaval en el concurso, por todo lo negativo que ello conlleva:

  • Negación de la calle y, por tanto, de la tradición como expliqué al principio.
  • Por el ejemplo que se da a las agrupaciones de diversa índole y callejeras, ya que el Carnaval, en su más amplio sentido, somos todos y no paran sus fronteras en el concurso.

También, cómo no, quiero hacer patente aquí, en esta ponencia, la necesidad perentoria de un marco adecuado para la celebración del concurso, sin que eso tengamos que olvidarlo.

Afortunada, o desgraciadamente (según la exclusividad que se haga o no de él), el concurso ha tomado la suficiente entidad para que tengamos que ser conscientes de la responsabilidad que tienen los autores, y digo autores y no agrupaciones, porque son ellos, mejor dicho, nosotros, los que ponemos nuestro pensamiento, creatividad e ingenio al servicio del Carnaval, responsabilidad que hay que tener bien presente para elevar la fiesta, en lo concerniente al papel que nos toca, al nivel que merece, sin que nadie nos haga ver que no estamos haciendo tradición, todo ello para llevar nuestra labor como bandera.

Los aspectos negativos del concurso se han ido corrigiendo con el paso de los años (y si digo otra vez la palabra ‘carpa’ me confirma la excepción de esa regla), pero con lo que nunca se va a acabar es con la rivalidad, afortunadamente por un lado, ya que esa competitividad hace que se intente escalar en cuanto a calidad se refiere, y desgraciadamente porque aún, y me incluyo, hay gente que en algún momento no ha sabido perder, pero para esto la solución sería contratar un equipo de psicólogos que por medio de complicados test de personalidad, e incluso la vacuna contra la rabia, se encarguen de estos individuos. Naturalmente eso es broma, ya que estoy harto de tanto hablar en serio.

¿Por qué fracasó la escuela de Carnaval?, fracaso en sentido de nivel de asistencia, porque me consta que los monitores hicieron una gran labor. Sería por la fecha, sería por la falta de interés o, mezclando ambas cuestiones, sería porque el interés sobre el Carnaval solo se produce en febrero

Tampoco puedo olvidarme de la formación de lo que en términos futbolísticos se conoce con el nombre de ‘cantera’. Y aquí tengo que lamentarme y hacerme una pregunta: ¿Por qué fracasó la escuela de Carnaval?, fracaso en sentido de nivel de asistencia, porque me consta que los monitores hicieron una gran labor. Sería por la fecha, sería por la falta de interés o, mezclando ambas cuestiones, sería porque el interés sobre el Carnaval solo se produce en febrero. El caso es que ha sido una pena por la oportunidad que teníamos y deberíamos analizar a fondo las causas de la falta de personas interesadas, buscar alternativas y aprender de este fracaso.

En conclusión, pienso que deberíamos mirarnos un poco el ombligo y ser conscientes de la situación crítica por la que atraviesa esta fiesta que para mí, y creo que para todos ustedes, es tan tradicional, para así engrandecerla y llevar al Carnaval al sitio que verdaderamente ocupa dentro de las manifestaciones culturales que un pueblo con nuestras características tiene, y todo ello por lo que el Carnaval tiene de la más bella de las cualidades inherentes de un ser humano: la libertad.»

 

Transcripción de las preguntas a la ponencia de Valeriano Hoyos

 

Oyente.- Que las subvenciones locales sean solo para las agrupaciones de manera que tuvieran que cantar obligatoriamente en todos los sitios que se concertaran previamente por parte de la Consejería y de AGRUCAR, pero que fueran de total cumplimiento para todos.

Ponente.- Creo, respecto a lo que se ha hablado aquí de la Cabalgata, que esta cada vez vale menos como tal, el por qué es evidente. Mientras no entendamos la Cabalgata como CARNAVAL, con mayúsculas, no lo arreglaremos nunca. En cuanto al teatro, para mí solo es una parte más del Carnaval.

 

Oyente.- De lo que adolece el Carnaval en lo referente a la Cabalgata, es que ni existen locales con solera que organicen festejos apropiados donde las agrupaciones se paren y den parte de su repertorio como ocurría antaño, pongo por ejemplo el Café ‘La Perla’.

 

Oyente.- La culpa creo que es de los propios grupos. Antiguamente, las murgas iban recorriendo los locales y no había una Cabalgata como tal.

 

Oyente.- No podemos diferenciar la gente que sale a la calle con la de las agrupaciones.

 

Oyente.- Las agrupaciones tienen que estar más en la calle, incluso pidiendo permisos y vacaciones en sus respectivos trabajos, tal y como se hace en otras ciudades ya conocidas por todos.

 

Oyente.- ¿Por qué concedemos tanta importancia a la subvención? Creo que podemos hacer nuestro propio Carnaval sin depender del dinero que nos da la Consejería.

 

Oyente.- Alberto y Valeriano, ¿érais partidarios de ir a la carpa? Yo tengo entendido que sí.

Ponente.- Si no hubiera existido otra posibilidad, sí. Lo que ocurre es que creo que fuimos consecuentes en nuestra agrupación y cuando se propuso el Cine África creímos que era un lugar idóneo para el concurso, por lo que nos negamos a la carpa.

 

Oyente.- Te estás confundiendo. Tú querías ser imparcial pero no lo fuiste.

El periodista Juanjo Cerro fue uno de los ponentes del I Seminario del Carnaval de Ceuta, organizado por AGRUCAR y celebrado en octubre de 1995. Cerro centró su intervención en la relación entre los carnavaleros y los medios de comunicación, desgranando el trabajo de los periodistas que cubrían la fiesta y el interés por las noticias sobre Carnaval. Su ponencia, que defendió hace 25 años, decía así:

«Dedicado a todos los que me abrieron la puerta del Carnaval y de sus corazones.

Desde siempre se ha dicho que el Carnaval es un periódico hablado, que utiliza la gente del pueblo para mostrar sus sentimientos, temores y desengaños.

Nunca se habrá involucrado mejor la relación de la fiesta del Dios Momo y los medios de comunicación. Pero, ¿quién necesita más a quién? Esta pregunta resulta razonablemente difícil, teniendo en cuenta que el Carnaval es totalmente espontáneo, surge del pueblo y para el pueblo. En todo caso, los medios de comunicación han sido meros transmisores de esas sensaciones, aunque en ocasiones, como veremos, los medios utilizan su poder y prácticamente capitalizan toda la atención.

Ya en 1892, coincidiendo con el mandato del alcalde Ricardo Cerni, los distintos diarios y semanarios de Ceuta se hacen eco de las bases que se habían establecido para premiar distintos detalles de esos carnavales brillantes y cargados de cultura popular. Así se refleja en este espléndido trabajo de Paco Sánchez, ‘Más de un siglo de Carnaval’, publicado en los prestigiosos ‘Cuadernos del Rebellín’. Nos cuenta Paco que el diario ‘África’ dedica su editorial al Carnaval, mientras que los periódicos resaltan la gran animación de los ceutíes, caso del semanario ‘El Sinapismo’, que refleja la fiesta carnestolenda celebrada en El Círculo de la Unión.

Incluso en esos tiempos de censura política, los medios de comunicación apoyaron al Carnaval, como el caso de ‘Radio Ceuta’, que prestó sus estudios para los ensayos de ‘Roque y los majos’

Incluso en esos tiempos de censura política, los medios de comunicación apoyaron al Carnaval, como el caso de ‘Radio Ceuta’, que prestó sus estudios para los ensayos de ‘Roque y los majos’. Tantos y tantos nombres que han quedado en la memoria colectiva, entre amarillentos recortes de prensa, papel arrugado y rugoso.

La democracia trae nuevos vientos, como un febrerillo loco que desata las pasiones informativas del Carnaval. Los ayuntamientos legalizan la fiesta y la prensa apuesta definitivamente por ella. Pero algo ha cambiado: los periódicos comienzan a hacer ediciones especiales en las que ofrecen multitud de datos, letras y fotografías de las distintas comparsas, chirigotas y cuartetos. Los entendidos se incorporan a las tertulias radiofónicas y las transmisiones en directo de las radios hacen que el Carnaval abandone los escenarios para visitar a todos los hogares ceutíes.

Por rentabilidad, por comodidad y no sé por cuántas otras razones, el Carnaval de calle pierde solidez para los medios, otorgando estos toda la importancia al concurso de agrupaciones

Este despegue viene acompañado por numerosas firmas comerciales que anuncian sus productos, no necesariamente relacionados con el Carnaval. Se produce una situación en la que, detrás del aparente apoyo a la fiesta, supone el comienzo de la dictadura empresarial: cuanto más rentable, más Carnaval. Proliferan los programas y las páginas carnestolendas, y se produce un divorcio, a mi juicio, suicida. Por rentabilidad, por comodidad y no sé por cuántas otras razones, el Carnaval de calle pierde solidez para los medios, otorgando estos toda la importancia al concurso de agrupaciones. Incluso, el tradicional Baile de la Prensa cae en el olvido, a pesar del intento de algunos periodistas por recuperarlo y fomentarlo como demostración de cariño al Carnaval.

Este interés desmesurado por las actuaciones oficiales trae consigo que el Ayuntamiento dedique parte del presupuesto de festejos en anuncios y patrocinios en los medios de comunicación, en detrimento de las agrupaciones que ven sus subvenciones recortadas y, sobre todo, el Carnaval de calle queda huérfano de apoyo institucional.

Al contrario de lo que sucede en Cádiz, capital mundial de nuestro Carnaval, en Ceuta los políticos no se deciden en apoyar económica y moralmente a los carnavaleros ya sea en los escenarios, ya sea en la calle. Desgraciadamente, no se tiene en cuenta la vida cultural del Carnaval más allá de febrero, como es el caso de este seminario, hecho porque como suele decirse, “Dios es grande”. Tampoco la colaboración de los medios supone una inyección suficiente, salvo casos excepcionales como la edición del disco del Carnaval ceutí, promovida por ‘Radio Ceuta’ de la ‘Cadena SER’.

Contra eso, queda la ilusión de saber que gracias, en buena parte, a los medios de comunicación, el Carnaval ceutí se conoce cada día más y mejor, y lo que es más importante, llega a más hogares en nuestra ciudad. “París bien vale una misa” si pensamos cuántos enfermos, postrados en cama, han sonreído con las ácidas letrillas de las chirigotas, o se han emocionado con los ruiseñores comparsistas. Qué satisfacción ofrecer a los taxistas, a los médicos y enfermeros, y a tantas y tantas personas que trabajan mientras otros se divierten, la posibilidad de vivir el Carnaval, en directo, a través de su compañera nocturna, a su fiel amiga la radio.

Pero lo mejor está aún por llegar.

La aparición de la televisión vuelve a poner sobre el tapete la vieja interrogante sobre la obligación de informar o la necesidad de rentabilizar empresarialmente lo que denominamos en el argot periodístico una operación especial

A finales de la década de los ochenta, la televisión irrumpe en nuestro Carnaval. ‘TeleCeuta’ inicia sus emisiones desde el añorado ahora Cuartel del Rebellín y la locura colectiva es latente. Esa capacidad casi diabólica que la pequeña pantalla tiene de absorber toda la atención y, por extensión, ser líder de audiencia, acampa a sus anchas en el Carnaval y provoca un nuevo esfuerzo al resto de los medios de comunicación. Las agrupaciones lucen sus tipos no solo en el escenario, sino en la salida de las casas, y les gusta. Se contonean mejor que nunca las chirigotas, defienden el tipo más serios los comparsistas. El binomio Dios Momo-Televisión funciona a la perfección. Pero… no todo es color de rosa.

La aparición de la televisión vuelve a poner sobre el tapete la vieja interrogante sobre la obligación de informar o la necesidad de rentabilizar empresarialmente lo que denominamos en el argot periodístico una operación especial.

En teoría una cosa no anula a la otra, pero en realidad ha demostrado que la carrera por la audiencia no conoce de conciencias y, junto a la entrevista de rigor con los protagonistas, los carnavaleros, suele aparecer a continuación una catarata de anuncios que, en ocasiones, hacen perder el hilo de la transmisión al oyente o al telespectador.

Es tal el prestigio del Carnaval ceutí de finales de siglo que incluso diversos periódicos de Andalucía, como ‘La Provincia Gaditana’ y ‘Diario de Cádiz’, publican las bases del concurso de Ceuta

Y entiéndase que la publicidad es necesaria, los propios libretos de las agrupaciones e incluso los bombos la llevan, pero claramente hay que decir que hoy en día sería un planteamiento poco profesional la transmisión de un Carnaval que no fuera rentable. Y esta pescadilla se muerde la cola sirve, en la mayoría de los casos, para que sean los propios medios los promotores del Carnaval, y no los responsables políticos de la cosa.

Es tal el prestigio del Carnaval ceutí de finales de siglo que incluso diversos periódicos de Andalucía, como ‘La Provincia Gaditana’ y ‘Diario de Cádiz’, publican las bases del concurso de Ceuta.

Y esta entrega de la prensa continúa sin solución de continuidad, bien con noticias relacionadas con el Carnaval, bien con divertidos anuncios insertados en sus páginas. Así traspasamos el umbral de un nuevo siglo y comprobamos cómo la prensa continúa mimando al Dios Momo en cualquiera de sus expresiones, principalmente a pie de calle. ‘La revista de Ceuta’, ‘El eco de Ceuta’, ‘África’, son exponentes del interés que despertaba el Carnaval entre los periodistas, como en el caso de los celebrados bailes en el Teatro del Rey.

La postguerra tae el tiempo de las coplillas susurradas, murgas escondidas… pero el latir del Dios Momo no se había extinguido. Todo gracias a esos valientes que continuaban adelante, a pesar de las prohibiciones que, en buena parte, hicieron enmudecer a la prensa

Como bien señala Paco Sánchez, con la llegada de la República, el Carnaval recobra bríos perdidos, los grupos se multiplican y las calles, una vez llegado febrero, se visten con sus mejores galas. La República también trajo una nueva forma de hacer periodismo, más libre, más intelectual. De nuevo la simbiosis entre ambos se daba espontáneamente. Pero el zarpazo de la guerra penetra contundentemente en la piel de todos los carnavaleros. ‘El Faro e Ceuta’, el día 6 de febrero de 1937, publica la nota del delegado del gobierno en la que prohíbe la fiesta del Carnaval. La postguerra tae el tiempo de las coplillas susurradas, murgas escondidas… pero el latir del Dios Momo no se había extinguido. Todo gracias a esos valientes que continuaban adelante, a pesar de las prohibiciones que, en buena parte, hicieron enmudecer a la prensa.

Igual que las agrupaciones no esperan al turrón para comenzar a ensayar, los medios planifican con mimo la cobertura de esa locura colectiva de sentimientos y arte. Sin duda, estribillos tan celebrados como el “whisky, Coca-cola y ponle hielo”, no hubiesen atronado con igual intensidad sin la presencia de los medios

Pero el esfuerzo vale la pena. Habitualmente, detrás del simple gesto de encender una radio o una televisión, se esconde un sinfín de personas que trabajan a destajo para que el producto sea lo mejor posible. Radio enlaces, unidades móviles, mesas de mezclas, mangueras y un largo etcétera de caprichos tecnológicos al servicio del Carnaval.

Igual que las agrupaciones no esperan al turrón para comenzar a ensayar, los medios planifican con mimo la cobertura de esa locura colectiva de sentimientos y arte. Sin duda, estribillos tan celebrados como el “whisky, Coca-cola y ponle hielo”, no hubiesen atronado con igual intensidad sin la presencia de los medios. Ni tan siquiera la ‘Chichiolina’ hubiese tenido tanto predicamento si no hubiese estado presente el micrófono o la cámara de turno.

Y voy más lejos. Ese afán de los periodistas de fagocitar todo lo que sea noticia nos empujó a visitar los ensayos, las peñas y las tertulias espontáneas de carnavaleros. El público pudo degustar de esta manera el otro Carnaval, más íntimo, cerrado en otros tiempos a los ojos ajenos. Esta situación también ha servido para propulsar nuestro Carnaval, y a fe mía, esas horas de trabajo de más se regalan con gusto, aunque el jurado nos tenga pendientes hasta que la luz de un nuevo día despuntaba a espaldas del Cine África.

Pero este matrimonio debe renovarse cada año, cada día. Los medios necesitamos a los carnavaleros, pero también estos deben empezar a comprender que sin el aliento del mundo de la prensa, poco hay que hacer a la hora de exigir mejoras en la fiesta. Si las agrupaciones por sí solas piden un teatro digno para esta ciudad, casi con seguridad, todo será como oír llover. Pero si los políticos sienten en sus nucas el frío aliento de la crítica periodística, implacable, a buen seguro que el edil de turno, no olvidemos que empleado nuestro, pondrá mayor interés en solucionar uno de los problemas que mayor daño hacen en la actualidad a nuestro Carnaval.

Pero este matrimonio debe renovarse cada año, cada día. Los medios necesitamos a los carnavaleros, pero también estos deben empezar a comprender que sin el aliento del mundo de la prensa, poco hay que hacer a la hora de exigir mejoras en la fiesta

Idéntica reflexión aplicaríamos a otros aspectos de la fiesta, como el reconocimiento popular de las costumbres carnestolendas, la riqueza de los tipos, la literatura de las letras… En resumidas cuentas, promover cultura.

De esta forma se pueden evitar malentendidos que provocaron, desgraciadamente para todos los ceutíes, un enfrentamiento entre AGRUCAR y el Ayuntamiento que hizo posible la irracional y vergonzosa celebración de dos festivales carnavaleros, uno de ellos con carpa incluida; otro, huérfano de apoyo oficial

Mirando al horizonte de la ‘tacita de plata’, me arriesgo a decir que los medios pueden contribuir a que, de una vez por todas, se comprenda que la organización del Carnaval debe ser responsabilidad directa de AGRUCAR, al más puro estilo fundación gaditana, y dejar que la Institución sea la que apechugue con lo económico. De esta forma se pueden evitar malentendidos que provocaron, desgraciadamente para todos los ceutíes, un enfrentamiento entre AGRUCAR y el Ayuntamiento que hizo posible la irracional y vergonzosa celebración de dos festivales carnavaleros, uno de ellos con carpa incluida; otro, huérfano de apoyo oficial. Realmente deprimente.

A este foráneo del Carnaval le gustaría ver algún día trabajar al unísono a carnavaleros y políticos, sin rencillas ni protagonismos. Sería una muestra de buena salud que el Dios Momo debe tener para aguantar noches de sueño y risas, abrazado a los ceutíes desperdigados por calles señeras como la antigua de la Cigarra.

Y aquí los medios tenemos el papel añadido de ser árbitros de la contienda, contribuyendo a la unidad y no a la separación, fomentando la participación, aprovechando que hoy no habrá grises que nos correteen por toda la ciudad porque sale de nuestra garganta un tono barítono, mientras el trino rompe el sonido el mar azulado de febrero.

Por eso quiero desde aquí partir una lanza a favor del Carnaval de calle, el niño pobre de la fiesta. Aquí no valen anuncios, sino la ilusión por narrar encuentros, originalidades y clamor popular. La calle es auténtica, libre y espontánea, y los periodistas nos emborrachamos de postulantes y coplillas, de máscaras y serpentinas, en espera de que tanto políticos como la propia AGRUCAR se decidan definitivamente a acoger en sus brazos esta otra manera de vivir la fiesta que, no olvidemos, fue la primera cara que nos mostró ese Dios Momo lujurioso y altivo.

Ya saboreo el olor del teatro, espero que de una puñetera vez en condiciones. El inalámbrico captará el nerviosismo de la tramoya. Las cámaras espían a las agrupaciones en los calentamientos y nuestros amigos de la prensa eternizarán fotográficamente los momentos estelares. Todo en beneficio del Carnaval, en ese equilibrio entre lo comercial y lo cultural, porque de siempre en este país de pan y pandereta, el saber ha costado dinero. Pero hay que saber, y creo que eso lo hemos aprendido, que nuestras tradiciones son responsabilidad de todos y que Ceuta, hoy más que nunca, debe esbozar una sonrisa aunque los momentos nos inviten a todo lo contrario. Eso es lo importante, reírnos de nosotros mismos, reconocer nuestros errores y miserias y aunar hombro con hombro para levantar esta fiesta que sabiamente el calendario ha colocado antes del tiempo de rigidez y Pasión.

Y al que no le guste, que se le seque la hierbabuena.»

 

 

Transcripción de preguntas a la ponencia de Juanjo Cerro

 

Oyente.- Pienso, pese a lo que has dicho, que el Carnaval del 94, el de la carpa, no existió para los medios de comunicación de Ceuta porque suponía un compromiso con el Ayuntamiento para ellos.

Ponente.- Los medios se mueven por una simple cuestión de ‘pasta’. Desgraciadamente esto es así. Se trata de un trabajo empresarial, donde lo que cuenta no son los resultados, sino los beneficios al cabo del año.

 

Oyente.- Sinceramente, después de oírte, pienso que el poder político afecta al Carnaval y a los medios en su propia relación.

 

Oyente.- Los carnavaleros estamos hartos de que todos los años nos hagan siempre las mismas preguntas. Los medios no se preocupan por aprender, y si de hecho lo hacen, creo que es más por inercia que por iniciativa propia. ¿Hay bajo nivel en el periodismo carnavalero? Creo que hay muchas cosas que decir y no pienso, bajo ningún concepto, que haya que estar piropeando a todo el mundo, ya que en muchos casos y bajo mi parecer, se hace un flaco favor no exigiendo más calidad.

 

Oyente.- Tú has hablado de que los medios se adelantaron por conocer algo más íntimo de las agrupaciones, aparte del concurso, pero sin embargo, seguían y seguís interesados por los mismos temas, por los mismos matices…

 

La letra de un pasodoble de la comparsa ceutí ‘El truhan del tirititrán’ abría una tesis sobre Ceuta para la Universidad de Venecia publicada en el año académico 2013-2014. El relator de este trabajo, titulado ‘La ciudad fortaleza’, es el profesor Gianluca Ligi.

Esta tesis se publicó tras un viaje a Ceuta de los investigadores italianos para conocer la realidad de la ciudad y el fenómeno fronterizo.

Para ser publicado en esta investigación, este pasodoble de ‘El truhan del tirititrán’ fue traducido al italiano, aunque por error indica que corresponde a ‘Los librepensadores’.

Esta pieza del repertorio fue interpretada por la comparsa en el local social de la barriada O’Donnell.

El pasodoble fue interpretado en O’Donnell. Vídeo de Cuka Lombardero

Alberto Mateos es uno de los personajes con más presencia en la historia de AGRUCAR. Suya fue la última legislatura de esta asociación y suya, también, una de las ponencias que formaron parte del I Seminario del Carnaval de Ceuta, una intervención muy crítica que decía lo siguiente:

«Permitidme, compañeros, que por esta vez me atreva a disertar sobre el Carnaval y hacerlo de una forma crítica y dura. No es la primera vez, ni será la última. Al fin y al cabo, todos osamos cuando nos place alzar la voz con la batuta en la mano y soltar el rollo sobre una fiesta que, después de trece años, no sabemos disfrutar. Para eso somos libres.

¿Y por qué no sabemos disfrutar? Me podéis preguntar. Por supuesto, todo el que vive el Carnaval, entendámoslo, cantando en una agrupación, disfrazándose con los amigos o, simplemente, bajando a la calle Real a ver la Cabalgata, disfruta de la fiesta. Bebemos, cantamos, nos saludamos y, sobre todo, la ‘palmadita’ en la espalda no falta.

Es impresionante también ver cómo la noche de la venta de entradas para el concurso es siempre polémica. Esto tiene su lado positivo: la demanda tan importante por parte del pueblo con el único objetivo de formar parte de ese mágico preámbulo del Carnaval. El patio de butacas, a tope; la animación del público, excelente. De “esto sí que es una chirigota” o “esto sí que es una comparsa”, no se baja. Aunque, en el fondo, los que verdaderamente van a escuchar y a valorar objetivamente el trabajo de las agrupaciones, no entienden bien tanta borrachera de piropos que, aparte de resultar cansino y empalagoso, no te dejan escuchar el repertorio completo, recordándome la corrida de toros del año pasado en la que, desde el primer pase que los diestros le daban al toro, toda la plaza se destrozaba en “olé, olé, olé”, demostrando también que no tenemos ni idea de lo que es la lidia.

Porque no vamos a escuchar, simplemente vamos a animar a nuestro primo, nuestro hermano o a nuestro vecino.

Y, hasta ahí, bien. Lo malo es que todos los años tenemos que escuchar la maldita frase: “no tenemos ‘na’ que envidiarle a Cádiz”.

Porque no vamos a escuchar, simplemente vamos a animar a nuestro primo, nuestro hermano o a nuestro vecino

Si no se trata de eso. No cantamos para que nos comparen con nadie. Cantamos para transmitir, para que nos escuchen y para que nos valoren en su justa medida. Y después, que cada uno tenga lo que se merece.

Conociendo ya como conocemos, el que no se haya enterado, que vea el vídeo de Paco Sánchez, que nuestra tierra era carnavalera de pro en otros tiempos, me duele pensar que todavía no hayamos sido capaces de convertir una fiesta de febrero en una realidad cultural que nos defina como pueblo. No quiero decir con esto que durante todo el año estemos disfrazados y cantando coplillas, pero todavía no hemos recapacitado sobre el valor que tiene el que hijos de esta tierra escriban con pena o con alegría los avatares diarios de una ciudad que sufre y ríe, que sueña y lucha.

Solo nos limitamos a decir “olé, olé” y soltar el rollo de “que se le seque la yerba güena”.

(…) me duele pensar que todavía no hayamos sido capaces de convertir una fiesta de febrero en una realidad cultural que nos defina como pueblo

Y después, todos entendemos, todos sabemos y contribuimos a que la cultura popular se enriquezca con nuestros comentarios. Todos tenemos nuestras cintas de vídeo preparadas para grabar los carnavales de Cádiz y conocemos los repertorios de las agrupaciones finalistas pero, ¿conocemos algún cuplé de las famosas ‘Etiquetas’, algún pasodoble de los míticos ‘Recuerdos de papel’, alguna coplilla de los veteranos del Mixto…? No nos interesa. Si grabamos carnavales de Ceuta es porque salimos cantando en alguna agrupación y queremos vernos de vez en cuando, pero no escuchamos a los demás.

Ahora, eso sí, vienen ‘El brujo’ y ‘Los lacios’ y San Amaro se llena. Es lógico, es buen Carnaval y hay que verlo. Peor sería que el parque estuviera vacío. Pero en ese momento hacemos un alarde de afición, de cultura carnavalesca y, sobre todo, empezamos con los golpes de pecho que hasta somos capaces de llevarle las maletas al ‘Yuyu’, de entregar plaquitas a gente de Chiclana, de presumir de íntima amistad con el ‘Pelajigo’ y de muchas cosas más.

Y esa es nuestra cultura carnavalera. La cultura de un pueblo que antepone la antipatía que se puede tener a un grupo de personas a asistir a una conferencia de Antonio Martín. La cultura de gente que hace un año se partía la cara y daba golpes bajos por conseguir la Junta Directiva de AGRUCAR con tal de impedir que accedieran otros, la cultura del “qué bonito, hijo” sin escuchar lo que se está cantando, y la cultura de los que hablan mucho y aportan poco.

Así, no me extraña que los politiquillos de turno quieran manejar el Carnaval como les venga en ganas o nos desprecien y nos olviden. Porque, la verdad, hemos demostrado que queremos que se nos respete en la fiesta, pero, si no nos importa el Carnaval fuera de febrero, solo lucharemos por un sitio digno donde cantar o por una mayor cantidad de dinero en los premios, pero no más.

Ahí tenemos a un Bastida que el año pasado se erigía como hombre de talante conciliador y arrepentido de sus errores, prometiéndonos una subvención que nunca llegó. En la actualidad rechaza todo contacto con AGRUCAR porque algunos individuos que la integran no son de su simpatía.

(…) si no nos importa el Carnaval fuera de febrero, solo lucharemos por un sitio digno donde cantar o por una mayor cantidad de dinero en los premios, pero no más

Ahí tenemos a un Jacinto que, desde el año 91, dirige la cultura de la ciudad y nos ha dado con la puerta en la cara cada vez que le hemos pedido una mínima ayuda. Sin embargo, no se corta un pelo para gastarse cualquier cantidad en grabarle un ‘compact disc’ a un amigo de la Península.

Ahí tenemos a un Pepe Abad, también adalid de nuestra cultura que, a buen seguro, y teniendo en cuenta que lleva bastante tiempo en su sillón, sigue prefiriendo una exposición en el Centro Hijos de Ceuta a cualquier manifestación callejera de los carnavaleros.

Pero todas estas cosas no nos preocupa. Es más interesante hablar de un pasodoble clásico, de un compás de tres por cuatro y usar una serie de términos que seguro que no sabemos bien lo que quieren decir, pero que suenan bastante bien.

Nos quedaremos con una fiesta y seguiremos renunciando a luchar por conseguir que el Carnaval no se limite al jolgorio de febrero.

Es más interesante hablar de un pasodoble clásico, de un compás de tres por cuatro y usar una serie de términos que seguro que no sabemos bien lo que quieren decir, pero que suenan bastante bien

Encima, los que siempre hemos estado nos vamos aburriendo poco a poco y no salen nuevos valores. También nos atrevemos a lamentarnos de que el Carnaval infantil y juvenil nos lo hemos cargado por no prestarles la debida atención, cuando, en realidad, poco se puede hacer si ese niño no ha vivido en el seno de su familia el Carnaval de una o de otra manera.

Al final, tendremos que parodiar al querido ‘Libi’ cuando dice, en tono peyorativo: “Cultura, joé, Cultura”.»

 

Transcripción de preguntas a la ponencia de Alberto Mateos

 

Oyente.- Creo que no se recuerdan los pasodobles o los cuplés de nuestros autores por nuestra culpa, ya que no los repetimos de año a año, con la consiguiente pérdida de estos, en el olvido.

 

Oyente.- ¿Crees que falta calidad en las agrupaciones?

Ponente.- Creo que no. Quizás, a mi entender, lo que falta es compromiso por parte de todos, incluyendo a los autores, directores y componentes.

 

Oyente.- ¿No deberíamos plantarle cara al consejero, ya que este no se ha acordado para nada de nosotros, ni tan siquiera como para conceder una subvención a este Seminario?

Ponente.- Creo que eso deberá dilucidarlo la próxima Ejecutiva, que será la que deba valorar lo hecho por el consejero, ya que esta, como sabéis, se encuentra dimitida hasta las elecciones.

 

Oyente.- Creo que tu ponencia ha sido clara y no admite preguntas.

 

Oyente.- El consejero solo quiere en la dirección de AGRUCAR a una persona de su cuerda.

 

Oyente.- Pienso que, en cuanto al Carnaval, los propios carnavaleros no nos mojamos el culo lo suficiente y siempre estamos a la expectativa.

El mítico componente de la agrupación del Mixto Javier Salas fue uno de los ponentes del I Seminario del Carnaval de Ceuta, organizado por AGRUCAR y celebrado del 19 al 21 de octubre de 1995 en el local social de la Peña Imagineros.

Salas presentó una ponencia titulada ‘La defensa del cuplé’, que decía así:

«Hace aproximadamente unos 10 años, afortunadamente para el que os habla, tuve la ocasión de entrar en el mundo del Carnaval, concretamente en el de las Agrupaciones Carnavalescas (no confundir con carnestolendas, término que hizo popular nuestro amigo ‘Chiqui’). Fue una experiencia de la que me acordaré para toda la vida y que en estos momentos empiezo a narrar:

En esos años el Carnaval ceutí estaba impregnado de los repertorios de Andrés Peña y de la Chirigota del Mixto. Quería, mejor dicho, deseaba pertenecer a dichas agrupaciones, como el niño pequeño que se ve de mayor jugando en el Madrid, al que por cierto le deseo que pierda la Liga.

De la noche a la mañana me encontré aprendiendo una coplilla para poder pasar la gran prueba de fuego, cruel, injusta, apadrinada, en la que tres aspirantes queríamos entrar en la que en su día se llamó ‘Sueños y esperanzas’.

Por esa época se estilaba, o mejor dicho, estaba de moda, la Comparsa del Puerto (que tanto le gusta a mi amigo Martín) y cómo no, puesto y dispuesto canté un pasodoble de la comparsa ‘Los simios’ que decía: “Al amparo de la noche, en cualquier esquina, hay una pandilla de chulos y ladrones…”, asustado. Debo sinceramente reconocer que estaba acojonado ante la mirada de los miembros del sanedrín carnavalero.

El segundo aspirante fue ‘Peque’, y cantó un pasodoble de la comparsa ‘Leche y picón’. Apuesto a que ni el 10% del respetable la conoce… Mi amigo Martín, sí. Y por último, el tercer aspirante, concretamente Paco Navas que, cómo no, cantó un nuevo pasodoble.

La reflexión que me hago es por qué en los días precedentes a la prueba elegí el preparar o llevar un pasodoble y no un cuplé, porque mis adversarios hicieron ‘idem de lo idem’.

Estos momentos los he vuelto a ver reflejados cientos de veces en el mundo del Carnaval, tanto en comparsas como en chirigotas, viendo cuando calientan voces, en los descansos de estas o bien cuando están desmadradas después de terminar un buen ensayo, la característica predominante es cantar un pasodoble gaditano.

Quién no ha cantado: “Lobo, hay en mi barrio rondando un lobo…”, “Al circo, madre yo quiero ir al circo…”, “Todavía no comprendo cómo pudo pasar esto…”.

Una vez tuve ocasión de escuchar a un autor gaditano decir que lo importante de las copillas de Carnaval es pasar a la historia, es decir, que no queden dormidas en los libretos de Carnaval, sino que sigan recordándose con el paso de los años, no obligatoriamente en el febrerillo loco, en cualquier pajarraca que encarte en el año.

Al oír estas palabras me acordé del cuplé y mi reflexión es la siguiente:

¿Pasa a la historia el cuplé? ¿Los autores miman el cuplé? ¿Preferimos el pasodoble al cuplé? ¿El sentimiento-pasión gana en la balanza a la chispa-gracia?

Para hacer un estudio del cuplé caballa creo que no tengo más obligación que mirar el Carnaval gaditano, y en él veo autores que se han preocupado en cuidarlo como en sus días fue el viejo maestro Enrique Villegas (en infinidad de veces se le tildó de pachanguero, y más de un premio no ganó porque el público, el entendido, tildó sus cuplés un tanto chirigoteros), Paco Rosado y, actualmente, Antonio Martínez Ares. Este en los dos últimos años su repertorio en dicha modalidad ha sido exquisito, echándole un pulso incluso hasta a las mismas chirigotas.

Estas, desde el año de ‘Los cruzados mágicos’, han ido evolucionando sus repertorios y, por supuesto, el cuplé gaditano.

Por poner un ejemplo, vemos:

  • La chirigota de ‘Los borrachos’, que cultiva el cuplé del doble sentido, irónico, haciendo caso omiso al taco.
  • La chirigota del Yuyu, de la misma escuela que la anterior.
  • Las chirigotas con estilo clásico, por poner algún ejemplo, ‘Las viejas’, o la de S. Fernando, las cuales utilizan con mayor asiduidad lo verde, el taco, lo pícaro, en definitiva, la palabrota.

En Ceuta, personalmente destacaría a dos autores cupletistas: Por una parte Salvador Jaramillo y, por otra, el ‘Baba’

En Ceuta, personalmente destacaría a dos autores cupletistas: Por una parte Salvador Jaramillo y, por otra, el ‘Baba’. Quizás los dos autores caballas que más han contribuido a darle personalidad propia al cuplé de esta tierra. Dichas personalidades bien distintas que a continuación me gustaría analizar:

El cuplé de Jaramillo viene caracterizado por temas eminentemente caballas, sumados a la chispa y el doble sentido.

El cuplé del ‘Baba’, en donde predomina lo añejo, lo verde, lo que a uno nunca se le ocurriría pensar.

Desde mi modesta opinión, pienso que a cada uno le falta lo del otro. ¿Que cuál es mejor? Sinceramente no me sabría inclinar: Me quito el sombrero por un buen cuplé de Jaramillo y me quito el sombrero por un buen cuplé del ‘Baba’.

Quizás a ‘Las etiquetas’ les faltaría un cuplé con mejor “carcaza”, es decir, con una estructura musical más acorde con la calidad de la letra. El cuplé como tal llega al público de forma clara y directa, pero creo que debe ir aderezado con música de igual calidad (con el paso del tiempo los contratiempos en caja y bombo son casi iguales, por no decir iguales). Si no se le pone remedio, con el paso del tiempo se quedará a mitad de camino convirtiéndose en un simple chiste pasando al ostracismo del olvido, de forma injusta.

Por otra parte, el cuplé del Mixto, quizá tenga mayor calidad musical, aunque abusa un tanto de lo verde y no tiene el mismo peso específico en genialidad que el de Jaramillo.

Desde aquí doy un millón de gracias a dichos autores por añadir dosis de calidad al cuplé de mi tierra, y a los restantes autores carnavaleros, que me perdonen por no haberme reído con sus cuplés.

Un punto que quiero dejar bien claro es que el cuplé no tiene que ir por fuerza asociado por su propia naturaleza a la modalidad de chirigota

Un punto que quiero dejar bien claro es que el cuplé no tiene que ir por fuerza asociado por su propia naturaleza a la modalidad de chirigota. ¡No! Este debe ser instrumento para cualquier autor carnavalesco, ya sea comparsista, chirigotero, cuartetero, corista.

Un buen cuplé irradia gracia, alegría, desparpajo, chispa, doble sentido, carcajada… Y qué mejores características para llevarlas a un repertorio. Si el carnaval es eso: desenfreno, risas, algarabía.

Lo autores premian en la actualidad presentaciones y popurrís, devaluando el cuplé (característica mucho más acentuada en la comparsa, lo mismo es que tienen mucha malaje).

En cuántos libretos vemos 10 o 12 cuplés, de ellos, se cantan 2 o 3 y va que arde.

Lo digo a boca llena: una agrupación sin cuplés adecuados pasa por encima de un escenario sin pena ni gloria

Por favor, hagamos una reflexión y que cada uno utilice la fórmula adecuada. Lo digo a boca llena: una agrupación sin cuplés adecuados pasa por encima de un escenario sin pena ni gloria. El sustento en escena, el sostén que mantiene una agrupación en un escenario lo crea el cuplé.

El cuplé es el que reaviva al espectador, el que le da el empujón definitivo. Es como si estuviéramos viendo un electrocardiograma en donde la línea que vemos es de tono lineal y de vez en cuando se produce un salto y se escucha un “pic”. Pues eso es lo que se produce en el espectador u oyente al escuchar un buen cuplé.

Hoy en día, viendo lo gaditano, creo que se riza el rizo, y la fórmula que aprecio es la siguiente:

  • Cuplé dividido en dos o tres partes, cada una de ellas con un golpe gracioso.
  • Temas normalmente de la ciudad, lo que hace que llegue directamente al público.
  • Música acorde con el tipo, de exquisita calidad.
  • Se rehúsa el taco.
  • Progresión en cuanto a gracia dentro del cuplé, es decir, dos golpes graciosos en medio del cuplé y uno al final con mayor peso específico, que produce en muchas ocasiones la carcajada.

Poco me queda que decir tras lo dicho, solo que humildemente me he querido convertir por minutos en el Capitán Trueno pero, eso sí, no para luchar contra vándalos o vikingos, ¡no!, solo con la intención de defender lo que hoy en día es el cuplé carnavalero.

Tras mi ponencia quiero dejar claro que mi proceder ni mucho menos es querer convencer, eso sí, os daría las gracias si, al menos, reflexionáramos sobre lo dicho.

Finalizo con una posdata: perdón a Mariano Puig por no haberle nombrado como buen cupletista.»

 

Transcripción de preguntas a la ponencia de Javier Salas:

 

P.- ¿Qué es para ti un buen cuplé?

R.- Una fórmula que tenga gracia, doble sentido y una buena estructura musical.

 

P.- ¿Cuál es la copla que trasciende?

R.- Una que llegue al oyente. En este sentido creo que el cuplé, por su propia chispa, debe ser la copla apropiada.

 

P.- ¿No crees que el cuplé en las comparsas tiene suficiente calidad?

R.- Creo que el cuplé debe reavivar al espectador y, por consiguiente, creo que en lo que respecta a las comparsas, se ignora bastante la propia creatividad a la hora de hacer un buen cuplé. De ahí mi llamamiento a que los autores, sobre todo los comparsistas, se esfuercen más en el cuplé.

 

P.- ¿Tienen que ser tristes las comparsas?

R.- Categóricamente: no tienen porqué serlo, es más, yo abogo por compensar más los repertorios con buenos cuplés y no dejarlos como si de un relleno se tratara.

 

P.- ¿Por qué la chirigota realza más el cuplé y la comparsa no?

R.- Creo que es un fallo de mentalización en cuanto a los autores.

 

P.- ¿No puede tratarse simplemente de más o menos inspiración?

R.- Sinceramente, creo que los autores no le dan importancia.