4 de febrero de 1937 / 20 de enero de 1983. Hoy Facebook me recuerda estas fechas muy significativas para el Carnaval de Ceuta.

El 4 de febrero de 1937, en plena Guerra Civil desencadenada por un golpe militar que pretendía acabar con lo que el pueblo había elegido en las urnas, una orden suspendía el Carnaval en Ceuta. Por si a alguien le quedaban dudas de que eran tiempos difíciles, en los que la alegría quedaba silenciada por el ruido de los disparos y los llantos.

Cuarenta y seis años después, el 20 de enero de 1983, el Boletín Oficial de la Ciudad de Ceuta recogía la propuesta de volver a celebrar oficialmente las «Fiestas de Carnaval». Era mucho más que recuperar una fiesta: era devolver a la ciudad una parte de su identidad, de su cultura.

Entre ambas fechas hay casi medio siglo de silencio porque en Ceuta no hubo alta burguesía que presionara al régimen para tener unas ‘fiestas típicas caballas’. Aquí ya teníamos Feria y Mochila. Ya había ‘demasiada’ alegría para el pueblo.

Y desde entonces hemos hecho Carnaval, lo hemos intentado o hemos creído hacerlo. Porque el carnaval, atendiendo a su origen, naturaleza y devenir, es un arma contra el fascismo. Y quien no lo haga así, estará haciendo otra cosa, música y gracietas en febrero, pero no Carnaval.

El Carnaval es la más bella representación artística, el arte en el que se puede componer sin saber escribir, en el que se puede ser un ilustre sin formación académica, el que lo hace la gente sencilla, humilde, del pueblo. Pero también es el que siempre ha plantado cara, el que ha hecho sentir incómodo a los poderosos que hacen de la necesidad su alfombra roja, el que con ironía ha escapado tantas veces del bolígrafo rojo (antes con tinta y ahora sin ella) de la censura. Para solo hacer reír están los chistes del Comandante Lara o los memes que te prepara ChatGPT.

Y es que en ese «solo» está la derrota: en pasar de puntillas por los problemas. En seguir haciendo chistes sobre la estatura de un gobernante cuya gestión es digna, por lo menos, de una denuncia pública feroz. Pero entiendo que los tentáculos del poder llegan a cubrir Ceuta hasta su esquina más escondida y la conciencia colectiva ha entendido que en hacer la pelota a quienes mandan está la prosperidad individual.

Pero no solo en esto está la derrota. Lo está más aún cuando no solo no combatimos el fascismo, sino cuando le damos voz. Cuando criminalizamos a sectores vulnerables de la población y los hacemos culpables de todos los males que tiene Ceuta. Vergonzoso. Repugnante. Vomitivo.

En pleno periodo de creación, escribid lo que os dé la gana pero tened en cuenta que hay cosas que no son Carnaval. Y no lo digo yo. Lo dice la historia y los compañeros y compañeras que la han escrito.

PD: El día que no haga el Carnaval que he descrito, el único que entiendo, mandadme al cajón. O a donde queráis. O mandadme ahora, si os apetece.

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