—Peaso camiseta, niño —me dijo un señor en la Plaza de las Flores. No sé si me gustó más el piropo a la blanca o que todavía me viera como un chaval. Bueno, seguramente las dos cosas.
—¡Ole los caballas! —soltó otro muchacho camino del Mentidero, dibujándome una sonrisa de oreja a oreja.
Y ahí iba el menda, orgulloso de lo que portaba, con su escudo y ese «CEUTA» bien plantado en el pecho.
Con la familia puse rumbo al Bar Restaurante El Serrallo Cádiz, a saludar a Juan y a comerme unas chucherías de la bahía.
—¿Qué pasa, illo? Esa la tengo yo —me dijo nada más verme, señalando la camiseta. Entonces me contó que, cuando jugamos en #Cádiz, le regaló cuatro entradas a un amigo de #Ceuta y este le correspondió con la camiseta que ahora también guarda con cariño.
—Qué buen equipo tenéis, picha. Lo veo por la tele y jugáis muy bien —añadió mientras nos preparaba una mesa para siete y un carrito.
Todo estaba buenísimo, aunque yo siempre me quedo con las papas aliñás. Aprovecho para compartir un consejo que me dio, en otra escapada, un camarero de la freiduría Las Flores: la clave está en aliñarlas cuando aún están calientes. Desde entonces siempre lo hago así. Y doy fe de que funciona.
Antes de despedirnos hablamos del #Carnaval. De que no termina uno cuando ya estamos pensando en el siguiente. De que su local está disponible para cambiarnos el día que cantemos en el Falla. Nos dimos un abrazo y seguimos el camino.
Del Serrallo nos fuimos hasta la plaza del #Falla para tomar un café solo con hielo y sacarina —cosas de viejos—. Y, en cuanto entré por Fragela, escuché:
—¡Armuña!
Era Manuel Cerdan. Y, cómo no, también llevaba puesta la camiseta de la AD CEUTA FC.
—Foto, foto, que parece que hoy juega el Ceuta aquí.
Riéndose, como siempre.
Y allí nos hicimos la foto de rigor, en la fachada del templo de los ladrillos coloraos.
En una terraza estaban sentados Juan Antonio Sanchez Carrasco y Antonio Guerrero, ‘Piojo chico’. No veas qué tres para cantarse un pasodoble. Muchísima calidad junta. De Cádiz y de Ceuta. De Ceuta y de Cádiz.
Nos sentamos con la familia y, mientras nos tomábamos el café, llegaron las fotos obligatorias. Las que nunca pueden faltar. Una de ellas reunía mis tres grandes pasiones: mi familia, el Carnaval y la AD Ceuta FC -y, por ende, Ceuta-.
Ya de vuelta al coche me crucé con Rafael Figuier Fernandez. Iba con prisas porque tenía que cantar. Antes, este carnavalero caballa también había distinguido de lejos a Juan Manuel Romero Bey. Cuántas comparsas suyas habré escuchado…
Y, un poco más adelante, una larga cola de jóvenes aguardaba para entrar al día siguiente a ver cantar a Aitana.
Así transcurrió un día cualquiera. Uno de esos que terminan convirtiéndose en recuerdo. Un día de familia, de Cádiz y de su gente. Porque hay ciudades que uno visita y otras que, sin darse cuenta, acaba sintiendo un poco suyas. A muchos ceutíes nos pasa a menudo con Cádiz. Quizá sea el mar que compartimos, quizá el Carnaval, quizá esa manera tan parecida de entender la vida. No lo sé. Lo único que sé es que cada vez que cruzo de vuelta el Estrecho siento que regreso a casa… pero también que dejo otra casa esperándome al otro lado.