«¿A quién tienes bailando aquí?», me preguntó quien esta noche ha sido una magnífica compañera de butaca. «A nadie. Vengo todos los años porque me encanta», le respondí. Y es que se ha convertido ya en una fecha marcada en mi calendario cuando suenan los primeros compases del verano.
No me corresponde hablar de historia, tampoco de danza, pero sí puedo contar lo que me ha transmitido. Lo que he visto. Lo que he sentido.
Con una puntualidad casi británica -casi, por unos minutos de cortesía- comenzaba un espectáculo en el que volvió a estar rodeada de su gente. La de toda la vida. Caras que ya resultan familiares y van unidas a su trayectoria. Las mismas que veía cuando, cuaderno en mano, acudía al Revellín para escribir una crónica en el periódico.
Transcurre un espectáculo en el que nada es naif. Todo está mimado. Todo es madurez. Donde un contratiempo ajeno no empaña el resultado. Donde no es necesario un descanso porque todo fluye, emociona, estimula. Allí estaba con toda su gente. Como si en el todo hubiera estado la selección. Y en el todo, el acierto.
Hoy nos ha hablado de historia quien lleva tantos años haciendo historia. Quien ha transmitido sus conocimientos a tantas bailarinas. Quien en cada paso va dejando huellas imborrables.
Cuánto cariño muestra su equipo en cada movimiento. Cuánta admiración. Cuánto sentimiento de pertenencia a un grupo. La envidia -en mi caso sana- de cualquier creador que necesita del compromiso de los demás para que su guión cobre vida.
Un año más, volvió a cumplir con el inapelable mandato de la cultura. Con su compromiso con su pueblo. Con la reciprocidad en la admiración que le profesan los caballas. La que le tengo yo, aunque he intentado que esa admiración no secuestre estas líneas dedicadas a una compañera. Compañera, porque así la veo cuando me habla. Porque así me ha hecho sentir con la dedicatoria de su libro. Quizá ese «a nadie» que respondía a mi compañera de butaca no era del todo cierto.
Gracias, Mari Jose, por acordarte un año más de nosotros. Gracias por este espectáculo. Bueno, y gracias, Tete, por quedarte con las peques para que pudiera ir a disfrutar con Isa de ‘Tharvessía — La Memoria del Mar’.