¿Por qué milito en Ceuta Ya!? Es una pregunta que me hacen de vez en cuando. Mi respuesta suele ser breve: porque es el único partido con el que me siento plenamente identificado; porque representa una forma de entender Ceuta desde el autonomismo, desde la izquierda y desde la convicción de que la convivencia debe ser mucho más que un lema turístico. Pero la realidad es que las razones son muchas más.
Hace ya algunos años —no recuerdo cuántos aunque sí perfectamente aquel momento— conocí a Mohamed Mustafa mientras cubría un acto informativo. Entonces era un joven que encabezaba la organización juvenil de UDCE, Jóvenes Demócratas. Desde el primer instante me impresionó su compromiso con esta tierra, el profundo conocimiento que tenía de la sociedad caballa y una cercanía que hacía muy fácil el trato con él.
Nuestra relación fue creciendo con el tiempo. Compartíamos una manera de entender la ciudad y eso generó entre nosotros un respeto mutuo. Yo admiraba su capacidad para explicar Ceuta, para señalar sus problemas sin caer en el derrotismo y para transmitir esperanza sin recurrir a consignas vacías.
Con los años, aquella admiración fue consolidándose. Cada intervención suya conseguía emocionarme, aunque el código deontológico del periodista me impidiera hacer algo tan sencillo como aplaudir. Mientras trabajé en los medios de comunicación nunca me planteé militar en Caballas, la coalición formada por UDCE y PSPC, a pesar de que era la única fuerza política que realmente me representaba.
Después mi vida profesional tomó otro rumbo. Al mismo tiempo, fue creciendo en mí la necesidad de aportar algo a esa Ceuta en la que siempre había creído. Observaba con impotencia cómo la brecha social se ensanchaba, cómo la convivencia parecía alejarse cada vez más de la realidad cotidiana, cómo el autonomismo perdía fuerza en el debate público y cómo los servicios públicos necesitaban voces que salieran en su defensa. Resonaba entonces una frase que tantas veces había escuchado en sus discursos: “Ni un paso atrás”.

Un día sonó el teléfono. Era Moha. Me propuso incorporarme al proyecto político. Recordé entonces una reflexión que suele hacer mi amigo Julio: siempre hacemos política, incluso cuando no hacemos nada, porque así estamos contribuyendo a que todo permanezca igual. Hasta ese momento mi forma de participar había consistido, sobre todo, en denunciar las injusticias desde las coplas de carnaval. Pero quizás había llegado el momento de empezar a implicarme desde la política. Mi respuesta fue sí.
Desde entonces no he hecho más que reafirmarme en aquella decisión. Cada día me siento más identificado con el proyecto de ciudad que defiende Ceuta Ya!. Veo un partido de izquierdas, autonomista y feminista, que sitúa la interculturalidad en el centro de su acción política, no como un eslogan, sino como una condición imprescindible para construir una Ceuta más justa. Esa idea atraviesa cada propuesta, cada iniciativa y cada reivindicación.

Habrá quien piense que estas palabras son un ejercicio de peloteo. Está en su derecho. Pero yo elijo a quién. Yo no escribo esto esperando nada a cambio. No le debo nada a nadie. También soy consciente de que dar un paso al frente tiene consecuencias. Posicionarse cierra puertas. Lo sé bien. Pero también abre otras. Y, con el tiempo, uno aprende cuáles merecen realmente la pena. Entre esas puertas abiertas está la de Ceuta Ya!. Y considero un auténtico privilegio compartir camino con las personas que forman este proyecto: un equipo joven, preparado, valiente y profundamente comprometido con su ciudad.
Mi única aspiración es que, cuando pasen los años, pueda sentar a mis hijos frente a mí, mirarles a los ojos y decirles que hice cuanto estuvo en mi mano por mejorar Ceuta. Que luché con el partido para que todos tuvieran las mismas oportunidades, independientemente del barrio en el que nacieran, del apellido que llevaran, su origen o de la fe que profesaran. Que trabajé por una Ceuta más solidaria. Por que los ceutíes dejáramos de ser españoles de segunda. Y por una Comunidad Autónoma de Ceuta capaz de decidir su propio futuro.
Seguiremos en la lucha. Con mi gente. Por nuestro pueblo.
