Esta mañana, el aroma del café me envolvía en una atmósfera serena, casi contemplativa. Con la mente despejada me dispuse a buscar noticias sobre mi querida AD Ceuta FC. Al escribir su nombre en el buscador de Google, una sugerencia apareció de inmediato: añadir la palabra «permanencia». Si supiera el señor Google que la historia es mucho más profunda que eso…
Me explico.
Fue en mayo del pasado año cuando el club culminó una gesta sobre la que poco queda ya por añadir. Un logro que trascendió ampliamente el ámbito deportivo. Un hito que supuso un nuevo paso adelante en una trayectoria de éxitos que no solo se mide en resultados, sino también en el impacto social que la entidad sigue generando mientras el balón continúa rodando.
Llegó entonces un verano de trabajo intenso para quienes dirigen este proyecto —qué cosas las mías, como si alguna vez dejaran de hacerlo…—. Fueron semanas vertiginosas, cargadas de responsabilidad y de ilusión desbordante. Pero, por encima de todo, fueron semanas marcadas por la confianza: la confianza en una idea, en un camino y en las personas que lo recorren.
También fueron semanas de gestos que me hicieron sentir cada día más parte de este club, de esta familia. Semanas de reencuentros y de nuevas relaciones que me permitieron comprobar hasta qué punto esta entidad se había tomado en serio su regreso al fútbol profesional. Pensé entonces que estaban los mejores al frente. El desarrollo de la temporada no solo confirmó aquella impresión, sino que la superó con creces.
Qué extraordinaria capacidad para rodearse de las personas adecuadas, presidente. Qué admirable manera de construir una familia en la que el respeto, el afecto y la admiración mutua se alimentan constantemente. Qué equipo humano tan completo. Qué visión tan acertada. Qué ojo, presidente Luhay Hamido.
A la enorme responsabilidad de dar vida a Caballati —porque una mascota representa mucho más de lo que parece: es la imagen del club para los más pequeños, y también para quienes no lo son tanto— se sumó una propuesta que reunía dos de mis grandes pasiones: el fútbol y la inclusión. Sin apenas pensarlo, me embarqué en la maravillosa experiencia de asistir al nacimiento de la AD Ceuta FC Genuine. El mejor equipo de la mejor liga del mundo. Y esta historia, afortunadamente, aún sigue escribiéndose.
Durante esta misma temporada vio también la luz la Fundación AD Ceuta FC. Cuántas personas extraordinarias he tenido la fortuna de conocer en este camino… Personas de las que aprender cada día, dotadas de una preparación admirable, una dedicación incansable y una capacidad de trabajo fuera de lo común. Personas que uno querría incorporar para siempre a su vida. Y eso es precisamente lo que he hecho: ficharlas para mi vida.
Formar parte de una organización cuyo propósito es contribuir a la felicidad de los demás constituye, sin duda, una de las experiencias más enriquecedoras que me ha regalado la vida. Y seguimos trabajando.
Qué hermoso resulta para aquel aficionado que acudía al viejo Murube de la mano de su tía Fifi, o para quien celebró la primera victoria de su equipo en el ‘Benoliel’ ante el Ayamonte por tres goles a cero, seguir acumulando recuerdos y emociones. Esta vez desde dentro. Esta vez siendo testigo privilegiado de algunos de los momentos más importantes de la historia del Ceuta.
Después de todo lo vivido, solo deseo una cosa: seguir disfrutando de este club, de esta familia y de todo lo que aún está por venir.
Fdo.: Un caballa afortunado… Y eternamente agradecido.
#SiempreADCeutaFC